El explorador iba con su mujer y su hija por la espesura de la selva. De pronto se apareció un gorila que raptó a la joven. Hagan ustedes de cuenta King Kong y Fay Wray . “¡Qué barbaridad! –le dijo el explorador a su señora–. Espero que las intenciones del simio sean honestas”... El cirujano amonestó al enfermero: “Está bien que sea usted aficionado a los toros, Belmontino, pero cuando yo levante el bisturí no diga eso de: ‘¡Suerte, matador!’”... ¿Acabarán alguna vez las desventuras conyugales de don Cucoldo? La otra noche su partida semanal de dominó se suspendió por falta de seguridad. Así, el señor regresó a su casa antes de tiempo. Lo que vio en la alcoba lo dejó sin habla: su esposa estaba yogando con un mozalbete que al parecer no dominaba el ars amandi , arte de amar, pues la mujer debía decirle cómo hacer las cosas: “Más aprisa... No tanto... Valseadito... Así...”. Don Cucoldo es partidario de la educación sexual, pero lo sublevó el hecho de que su mujer ejerciera el magisterio. Iba a denostarla con duras pesias y sonoros inris, pero ella se le adelantó: “¿Recuerdas, Cucú, que siempre me decías que somos el uno para el otro? Éste es el otro”... La linda chica a quien su novio acompañaba le dijo al encargado de la sala de tatuajes: “Queremos que nos ponga ‘De ella’ y ‘De él’, ya sabe dónde”... Más de 200 nombres recogió mi ilustrísimo paisano saltillense don Artemio de Valle Arizpe para nombrar a quienes se dedican a la prostitución. Todos esos nombres son aplicables al PT y al PVEM , que no son partidos políticos, sino negocios propiedad de parásitos mercenarios dispuestos siempre a venderse al mejor postor. He recordado a las prostitutas que deambulaban por la vieja calle de San Juan de Letrán. Todas, por su edad, parecían ser las fundadoras del antiguo oficio. Afrontaban la dura competencia de mujeres que se decían francesas, y que cobraban tres pesos “pog las tges cosas”. Ellas cobraban uno, pero por una sola cosa, la naturalita. “Somos putas, pero decentes”, aducían. Sucedió que Agustín Lara sacó su canción “Vende caro tu amor, aventurera”, y las maturrangas nacionales elevaron su tarifa a 1.50, y hasta a 2 pesos. La irritada clientela tildó al Músico Poeta de traidor a su sexo, pero apechugó con aquella súbita inflación. Caros se venderán también los propietarios del PVEM y el PT. Ahora los necesitan la 4T, Morena y Claudia Sheinbaum –o sea López Obrador– para sacar adelante su viciosa y viciada reforma electoral. Eso permitirá la perpetuación del caudillaje y la hegemonía absoluta del partido obradorista, con aniquilamiento de los magros restos de democracia que aún quedan. “Le falta un clavo a mi cruz...”, dice la dolorida canción. Al ataúd de la democracia en México ya no le faltará ninguno... Ni el más elocuente orador ni el escritor más consumado podrían hacer justicia a la belleza de la mujer que estaba desnuda en el consultorio de un galeno cuyo nombre ella no dijo para no exponerlo a ser puesto en infame picota o hedentinosa ergástula. Frente al dicho consultorio había una larga fila de médicos –conté 45– ansiosos por entrar a ver las voluptuosas formas de la nuda paciente. Le dijo ella al facultativo: “Estoy de acuerdo, doctor, en que busque usted una segunda opinión, y hasta una tercera, pero esto ya me va pareciendo una exageración”... Meñico Maldotado es un mancebo con quien natura se mostró avarienta a la hora de repartir entre los hombres los dones de entrepierna. Fue al Motel Kamawa con una fémina de dudoso proceder. Lo vio ella al natural y le preguntó, despectiva: “¿A quién crees que vas a satisfacer con eso?”. Sonriente, ufano, respondió Meñico: “A mí”... FIN.