La puesta en valor del artista con un proyecto

En la feria, un total de 38 galerías han decidido dedicar un año más un espacio especial a lo que han dado en llamar 'proyectos de artista'. No se trata de que todo el estand se consagre a un único creador, sino tan solo de una habitación o de un rincón específico, en el que determinados autores pueden presentar su trabajo, con una menor interferencia de las otras obras expuestas. Dentro de esta sección, me ha llamado especialmente la atención la notable presencia de lo que podríamos denominar arte textil, realizado por mujeres. Es ya una vieja tradición del arte feminista la de reivindicar el trabajo del tejido y del bordado, como un arte tópicamente femenino y, tal vez por ello, postergado en la Historia del Arte. Empezando por la catalana Aurèlia Muñoz (que también recala en el estand de ABC Cultural), cuyo trabajo en macramé de los años setenta fue adquirido por el MoMA de Nueva York, y de la que se prepara una gran retrospectiva en el Museo Reina Sofía, que ha sido activamente recuperada por la galería José de la Mano. Pero siguiendo por la brasileña Selva de Carvalho , presente en la galería Krizinger, cuyas piezas entre el chamanismo y el surrealismo fusionan el bordado, el dibujo y la escultura. O por las bellísimas y delicadas composiciones de Amparo de la Sota, en la galería Alegría, con elegantes dibujos tejidos sobre lino o sobre viejas sábanas y almohadas del ajuar familiar. O, por no mencionar más, la también delicada belleza de los tejidos, jugando con los bastidores, de Belén Rodríguez, en la galería Alarcón Criado. Pero en segundo lugar, el espacio de proyectos parece especialmente adecuado para la instalación. Muchas de estas llamarán la atención del visitante por su originalidad. Es el caso del chileno Adolfo Bimer, en la galería ATM de Gijón, quien nos presenta la imagen sorprendente de la sala de espera de un hospital psiquiátrico, con sus sillas, su calendario y su pasamanos, y con el dispensador del número para la cita. Interesante también la propuesta de la argentina Mariela Scafati, para la galería Isla Flotante, en los pasillos que unen el pabellón 7 y el 9, pues es una instalación que pende sobre la cabeza del espectador y que muestra como un techo de esculturas o de cuadros. Espectacular la propuesta de Olafur Eliasson y Jesús Rafael Soto, para la galería Elvira González, con una impresionante esfera de color amarillo y unas pinturas sobre vidrio soplado. Me ha gustado mucho la obra del portugués Nuno Nunes Ferreira, en la galería de Juan Silió, consistente en una instalación de palas, azadas y rastrillos, con las que se componen interesantes esculturas, testimonio de una expropiación popular y campesina de un latifundio en Portugal, y testimonio igualmente de su desastroso final. También a medias entre la instalación y la escultura, la obra de la valenciana Lucía C. Pino para la galería Prats Nogueras Blanchard. Lo mismo que la meditación escultórica acerca del discurrir del tiempo propuesta por Marina González Guerreiro, para la galería Rosa Santos. En cualquier caso, en estos espacios de proyectos, también se encuentran bien representadas la escultura y la pintura más tradicionales o menos interactivas con las otras artes. En escultura, junto al gran Jaume Plensa, en la parisina Lelong, con unas durmientes hechas en alabastro, cabe citar a la navarra June Crespo, con obras sobre cemento, en la galería Ehrhardt Flórez, y el colorista trabajo sobre piedra del suizo Ugo Rondinone, presente en la galería Esther Schipper. Excelentes escultores son además el colombiano Miler Lagos, con una soberbia pieza a partir del tronco de un olivo centenario, cuya huella y cuya memoria se imprimen sobre un lienzo. O la espectacular construcción, un gran arco invertido hecho con parachoques de Idoia Leache, para la galería Ethall. Por supuesto también está representada la pintura, con una presencia notable de Curro González, con lienzos acompañados de cerámicas, en la galería Rafael Ortiz; o el inquietante trabajo del madrileño Ian Waelder, heredero de una larga tradición de exilios, desde Alemania hasta Chile, y que trabaja con la memoria del exilio, en grandes lienzos y en espacios cubiertos de cartón. Muy interesante también la serie de exquisitas pinturas dedicadas al tema de la guerra, presentada por el artista ucraniano Sergey Bratkov para la galería Espacio Mínimo. También es pintura lo que presenta sobre capós de automóvil la artista bosnia Selma Selman, en la galería Chertlüdde. Por último, cabe mencionar aquellos espacios demasiado personales como para adscribirlos a un género determinado. El genial FOD, cuyo trabajo todavía puede verse en la exposición comisariada por Óscar Alonso Molina para CentroCentro, presenta en la galería T20 una recreación de su mundo constructivista, a base de grandes lienzos y esculturas. Una mención especial merece la habitación dedicada por la galería Rocío Santacruz a la fotógrafa madrileña Ouka Leele, con unas entrañables capillitas portátiles, dedicadas a Santa Bárbara, y otras obras de su primera época. Por su parte, espacio sumamente personal es el que la galería Senda le ha dedicado al cuadragésimo aniversario de las bodas, oficiadas por Antoni Miralda, entre la estatua de la Libertad de Nueva York y el Cristóbal Colón de Barcelona. Por último, también interesante y personal, el espacio consagrado por la galería Memoria a la transexual mexicana Terry Holiday que, aparte de actriz, bailarina y vedette, resulta ser una encantadora pintora e ilustradora, seducida por la representación del mundo femenino.