Dos animales marinos alcanzaron uno de los niveles de adaptación más extremos del reino animal. El problema es que su propia evolución les cerró cualquier escape

Hace millones de años, los antepasados de los cetáceos caminaban sobre tierra firme. Hoy, su anatomía está tan profundamente adaptada al océano que abandonar ese entorno es biológicamente imposible. En un planeta donde los mares cambian rápidamente, esa especialización evolutiva plantea una inquietante paradoja.