Berlín ata en corto a la Berlinale tras los discursos antisemitas y la politización del festival de cine

El del Consejo de Supervisión de la Kulturveranstaltungen des Bundes en Berlín GmbH (KBB), el organismo público ante el que responde la Berlinale, había llamado este miércoles a consultas a la directora del Festival, Tricia Tuttle, después de que varios medios de la capital alemana hubiesen informado sobre la intención de destituirla del ministro de Cultura Wolfram Weimer. El motivo de su disgusto eran la crisis de imagen en la que se hunde el Festival Internacional de Cine de Berlín, la pérdida de control institucional sobre los eventos, en los que han vuelto a emitirse mensajes antisemitas y contra Israel en la última edición, así como la gestión del escándalo político y pérdida de calidad de las películas dispuestas a concurrir en un certamen altamente politizado. Concretamente, en la ceremonia de entrega de premios, el director sirio-palestino Abdallah Alkhatib, premiado como mejor director subió al escenario con la bandera palestina en la mano, acusó al gobierno alemán de complicidad en el «genocidio en Gaza» y amenazó con «recordar a quienes no apoyen a los palestinos». Tras dos horas de reunión, en las que se analizaron pormenorizadamente los hechos, las autoridades berlinesas han accedido a mantener a Tuttle en su puesto, pero con una serie de condiciones expresas y una nueva normativa cuya intención es cambiar drásticamente el carácter del festival. El KBB ha formulado una lista de «recomendaciones» para fortalecer la Berlinale, con el fin de «establecer un nuevo concepto» y «desarrollarlo a largo plazo y asegurar su aceptación social y estabilidad económica». La principal novedad es el establecimiento de un foro consultivo, así como el desarrollo de un código de conducta que deberá ser aceptado por la dirección, los trabajadores, los participantes y los invitados. La Berlinale emprende también una nueva etapa en cuanto a personal y finanzas, especialmente en lo que respecta a la implicación de la industria cinematográfica, las empresas mediáticas y los posibles inversores. La Junta de Supervisión reafirma así su firme compromiso con la lucha contra el antisemitismo y respalda la postura clara de la KBB de proteger, promover y hacer audibles las perspectivas judías. Tricia Tuttle, por su parte, ha lamentado tras la reunión «la superposición del trabajo artístico en la reciente Berlinale con el activismo político». «En los últimos meses, Tricia Tuttle ha puesto mucha energía en marcar el rumbo y mostrar a la Berlinale la salida de una crisis que lleva tiempo acechando. Le agradezco su disposición a continuar por este camino. El Consejo de Supervisión proporcionarán un apoyo constructivo para los procesos necesarios. Con las recomendaciones adoptadas hoy, hemos sentado las bases para fortalecer la aceptación social del festival. El arte y los artistas deberían estar una vez más en el centro de la Berlinale», ha declarado al final del acto el ministro Weimer. «Celebro la decisión de hoy del Consejo de Supervisión de reafirmar su confianza en mi liderazgo de la Berlinale. El panel ha hecho varias recomendaciones, que consideraremos detenidamente. Quisiera agradecer al Consejo de Supervisión por el diálogo constructivo y por enfatizar una vez más la importancia de la independencia de nuestro trabajo», ha dicho a su vez la directora. Horas antes de la decisiva reunión, los directores de los festivales más importantes del mundo, incluidos los de Cannes, Sundance y San Sebastián, suscribían una declaración conjunta en defensa de Tuttle. El manifiesto, respaldado entre otros por José Luis Rebordinos y Thierry Frémaux, advertía sobre el peligro de convertir los festivales en herramientas políticas y subrayaba que estas citas deben seguir siendo « espacios donde se abrace la incomodidad y el debate» , alertando que castigar a una dirección por las opiniones de los artistas invitados sentaría un precedente peligroso para la cultura europea. Fuentes del KBB consultadas por ABC han señalado que Weimer era consciente de que el fin prematuro del mandato de Tuttle, que sólo ha dirigido dos ediciones, habría dañado enormemente la imagen del festival. La solución adoptada, añaden, «no es nada solomónica, simplemente ha pospuesto el problema». La pelota queda ahora en el tejado del consejo encargado de elaborar el código de conducta y en su capacidad de garantizar que « el arte y los artistas vuelvan a estar en el centro de la Berlinale en el futuro ». Tendrá que abordar una compleja definición de «antisemitismo» y resolver la cuestión de cómo se pueden reconciliar las «recomendaciones» políticas para jurados y la independencia de la Berlinale.