Ana Muñiz, la campeona de kung fu que aplica la disciplina del tatami en la alta cocina

La vida de Ana Muñiz tiene dos grandes escenarios: el tatami y la cocina. Con solo 22 años, esta joven promesa estudia en el centro integrado de FP Compostela y trabaja en el asador de Santiago, pero su historia es la de cómo dos mundos aparentemente distintos se unen por la disciplina. En una entrevista en el programa 'La Tarde' de COPE, ha compartido cómo un reciente revés en el prestigioso premio Promesas de la Alta Cocina de Le Cordon Bleu se ha convertido en su mayor lección: aprender a levantarse. Ana Muñiz dedicó más de 10 años de su vida al kung fu, llegando a ser cinturón negro y campeona de España y Portugal. De todos esos años de entrenamiento, extrajo una enseñanza fundamental que ahora aplica en la cocina: "con disciplina, trabajo, esfuerzo, sacrificio, se puede llegar muy lejos". Según ha explicado, en la cocina ocurre algo parecido al combate, donde un despiste puede provocar "un incendio, una contaminación cruzada, cualquier cosa". Su llegada a la cocina profesional no fue un camino directo. Comenzó la universidad estudiando Traducción e Interpretación, pero pronto se dio cuenta de que no era su verdadera pasión. "Estaba viendo que no era lo mío, no me estaba gustando, no estaba contenta", confesó a sus padres antes de decidir abandonar la carrera. Por consejo de familiares y amigos, encontró trabajo en un catering y descubrió su vocación. El impulso definitivo llegó de una forma inesperada, a través de una vecina que la animó a dedicarse a ello profesionalmente. "Ahí fue cuando dije yo, buah, pues tienes toda la razón", recuerda Ana. Ese fue el momento en que decidió formarse en un ciclo superior de cocina y empezar el camino que la ha traído hasta hoy. La pasión de Ana por la cocina tiene sus raíces en casa, inspirada por su madre y su abuela. Creció en un hogar con cocina de gas, horno eléctrico, horno de leña y cocina de hierro, lo que le permitió experimentar desde pequeña. Un plato que la transporta directamente a su infancia son las roscas que hacía su abuela, un recuerdo ligado al calor de la cocina de hierro y al esfuerzo familiar. A pesar de la importancia de la técnica, para Ana Muñiz el ingrediente más importante es otro. "Por experiencia, el cariño hace que la comida sepa de una manera diferente", afirma. Es una filosofía que aplica a diario y que resume en una frase contundente: "Si no le pones ilusión, si no le pones cariño, por mucha técnica que tengas, yo creo que no sabe igual un plato". Puso todo ese cariño en su propuesta para el concurso de Le Cordon Bleu, un plato con queso San Simón, vino Mencía y lacón. Aunque no quedó entre los 10 finalistas, lo considera una victoria. "Lo veo como una victoria, en verdad", asegura, una mentalidad resiliente forjada en sus años como deportista de élite. Mirando al futuro, Ana Muñiz tiene un sueño claro que va más allá de los fogones de un restaurante. Aunque le encantaría retomar el kung fu, su gran aspiración es doble: seguir cocinando y, a la vez, poder enseñar. "Mi sueño realmente es, a la vez que estar trabajando en un restaurante, poder ser profesora de cocina y poder enseñar a la gente la ilusión de este oficio", concluye.