El 18 de febrero con un poco de ceniza sobre nuestra cabeza, entrábamos simbólicamente en el venerable sacramento de la cuaresma. Concebimos con gusto un sacramento que se ensancha en cuarenta días. Así de grande es la magnificencia de la Iglesia que es madre y maestra. Ella dispone esta cuarentena antes de Pascua porque sabe que sus hijos e hijas necesitan un tiempo fuerte de oración, conversión y penitencia para percatarse de los puntos clave que determinan la identidad cristiana.