El presidente de Francia, Emmanuel Macron, rabia por convertirse en un líder, cosa que uno mismo no puede forzar, sino que han de ser los demás quienes lo decidan. Hay muchas formas de definir a un líder; la más sencilla es: la persona a la que la gente quiere seguir. Esto, evidentemente, se le escapa al aprendiz de Napoleón. Lleva Macron meses ofreciendo pomposas ruedas de prensa -la grandeur no se les olvida- rodeado de militares y con rutilantes armas como telón de fondo, desde buques de la Armada hasta aviones de combate y, ahora, submarinos nucleares.