El proyecto de Ferrocarril desde Palma a Cala Rajada se frustó en los años 20. El Ministerio de la Guerra no autorizó la prolongación de la línea de Artà hasta la zona costera. Los militares no querían que las líneas de transporte pasaran cerca de la costa y pudieran ser avistadas desde el mar. Además la posibilidad de que pudieran emplearse para usos exclusivamente militares provocaba la desconfianza de las compañías. Con el golpe de estado de Primo de Rivera el proyecto cayó en el olvido.