La gran contradicción de la Generación Z: ecologistas pero adictos a la moda barata

La cultura del consumismo masivo y de usar y tirar ha desplazado el deseo por productos duraderos. Esta situación genera un dilema especialmente visible en la Generación Z: a pesar de su rechazo a la explotación del medio ambiente y su defensa de las condiciones laborales dignas, son grandes consumidores de las marcas que perpetúan estos problemas. Ante esta disyuntiva, las grandes marcas de la industria de la moda han recurrido con frecuencia al greenwashing. Esta estrategia consiste en lanzar líneas de productos descritas como sostenibles y ecológicas para proyectar una imagen de respeto medioambiental, desviando así la atención del hecho de que el resto de sus colecciones no siguen esos mismos estándares. Frente a este paradigma, surgen propuestas como la iniciativa extremeña RESOTEX, impulsada por Paloma Castro. Su objetivo es buscar un modelo diferente de industria textil y dar la vuelta a las prácticas de un sector centrado en la obsolescencia programada y el consumismo desmesurado. Este modelo de negocio, basado en los precios bajos, mantiene un sistema con desastrosas secuelas no solo para el medio ambiente, sino también a nivel social e incluso con efectos nocivos para la salud de los propios consumidores.