Gonzalo Capellán llama a la diplomacia frente a la guerra para proteger la economía riojana

El presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capellán, ha mostrado su más firme "rechazo" a cualquier tipo de guerra ante los actuales conflictos internacionales. El dirigente ha apelado a la búsqueda de soluciones pacíficas para evitar las graves consecuencias que podrían derivarse de la situación. Capellán ha recordado que "La Rioja está en el mundo" y, por ello, las tensiones globales acaban afectando directamente a los riojanos. Según ha explicado, este impacto se refleja en la "economía" y en "la cesta de la compra" de los ciudadanos, por lo que ha insistido en que su mensaje siempre será el mismo. Por este motivo, ha hecho un llamamiento a "la cordura, el diálogo y la diplomacia", sobre todo por parte de los "responsables institucionales". El objetivo, ha subrayado, es que los conflictos "no tengan consecuencias no deseables para nadie" y se logre proteger los intereses de los ciudadanos. La Rioja tiene en Estados Unidos a uno de sus mejores clientes. Cada año, la región exporta al otro lado del Atlántico productos por valor de entre 116 y 120 millones de euros, y lo hace con un resultado muy rentable, vende mucho más de lo que compra, con un superávit que ronda los 79 millones de euros. Pero si Washington decidiera endurecer los aranceles o incluso cerrar el mercado a los productos españoles, el golpe para la economía riojana sería importante. Cuando hablamos de lo que La Rioja vende a Estados Unidos, no hay dudas, el vino manda. Y de qué manera. Con 26 millones de euros exportados, la botella de Rioja es la auténtica reina del comercio con los americanos. El resto de productos quedan muy lejos: Conservas de carne: 7 millones Caucho: 4,3 millones Conservas de fruta o verdura: 3,6 millones Maquinaria: 2,6 millones Calzado: 2,2 millones Madera: 2 millones Aparatos electrónicos: 0,85 millones Aluminio: 0,75 millones Carne fresca: 0,7 millones En total, las exportaciones riojanas a Estados Unidos suponen el 5% de todo lo que la región vende al mundo, pero son de las más valiosas, por margen y estabilidad. Si EE. UU. cierra el grifo, el vino sería el primero en caer. Ahí es donde La Rioja se llevaría un tortazo. Si Estados Unidos decidiera subir más los aranceles o restringir la entrada del vino español, el impacto sería directo sobre las bodegas y, con ellas, sobre todo el tejido rural. Estados Unidos representa cerca del 10% de todas las exportaciones de la DOCa Rioja y alrededor del 4% del volumen total vendido. Pero más allá de las cifras, es un mercado que paga bien, donde las bodegas riojanas han construido marca y prestigio durante años. El cierre del mercado no solo significaría vender menos botellas. Significaría: Bodegas apretando el cinturón, reduciendo márgenes y, en el peor caso, plantillas. Golpe al empleo rural, desde viticultores hasta temporeros o trabajadores de cooperativas. Daño colateral en la cadena industrial, desde fábricas de botellas y corchos hasta transportistas, agencias de logística o incluso el sector del enoturismo. Menos ingresos fiscales para las arcas regionales, porque el comercio con Estados Unidos es de los que más recaudación deja. La respuesta más realista es sí, hay alternativas, pero ninguna iguala a Estados Unidos. Las bodegas podrían reorientar sus exportaciones hacia la Unión Europea, Reino Unido, Canadá o nuevos mercados como India y Asia, pero eso lleva tiempo y dinero. Además, esos destinos no pagan igual ni tienen la misma capacidad de absorber volumen. La Rioja, eso sí, cuenta con fortalezas que la harían resistir mejor que otros territorios: Una marca reconocida internacionalmente, Una calidad avalada por la DOCa Rioja, Y una estructura exportadora sólida y diversificada. Aun así, perder a Estados Unidos sería un golpe duro, con consecuencias visibles durante años En resumen, EE. UU. no es insustituible, pero sí es el cliente más valioso que tiene La Rioja. Su mercado no solo aporta volumen, sino rentabilidad y prestigio. Perderlo dolería, y mucho.