Ana Velasco, historiadora: "Existía un prototipo de sushi en Japón en el que el arroz no se comía, lo que se comía era el pescado fermentado"

La cultura de Japón, sus tradiciones y su historia han sido el tema central de hoy en 'Curiosidades de la Historia' en 'Herrera en COPE'. Alberto Herrera y Ana Velasco, historiadora y experta en Arte, han hablado de las claves de un país que, hasta hace relativamente poco, era un gran desconocido para Occidente. La principal razón de este desconocimiento, según ha explicado Ana Velasco, es que "entre 1639 y 1853, o sea, durante más de dos siglos, Japón desarrolló un sistema de aislamiento total". Detallaba que el país nipón "no quería tener contacto con la cultura occidental porque pensaban que era algo que iba a acabar con la tradición del propio Japón". Este hermetismo era tal que si algún marinero extranjero naufragaba en sus costas, "les encerraban en una cárcel o les mataban". Este largo periodo de aislamiento, conocido como Sakoku, terminó a mediados del siglo XIX. No fue "hasta que un comodoro estadounidense, Matthew Perry, decidió poner un asedio al puerto de Edo, hoy conocido como Tokio, y acabar con esta falta de comercio internacional", relataba. Tras asaltar la bahía de Tokio, los japoneses "aceptaron rendirse" y comenzaron a abrirse al mundo, proceso que culminó con la Revolución Meiji de 1868. Otro de los motivos de este rechazo a lo extranjero fue la oposición al cristianismo. Y es que, a pesar de que misioneros como San Francisco Javier lograron un buen número de conversiones en el siglo XVII, "enseguida se reprimió porque se veía como una amenaza". "Fueron cerca de unas 300.000 las personas que se convirtieron y el cristianismo tuvo mucho éxito en Japón", señalaba la historiadora, pero la persecución obligó a muchos a vivir su fe en secreto. La cultura japonesa resultaba tan incomprensible para Occidente que, tal y como recordaba Alberto Herrera, "Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, encargó un libro para entender a los japoneses", ya que no lograban comprender su comportamiento, especialmente "el kamikaze", los pilotos que van en aviones y sacrifican sus vidas por el país. La encargada del estudio fue la antropóloga Ruth Benedict, quien sin haber pisado nunca Japón, en 1946 publicó el libro El crisantemo y la espada. En él define la cultura japonesa como "la cultura de los opuestos" ya que, según describe Ana Velasco, "es un país super jerárquico, pero también muy delicado y muy cortés". En el plano gastronómico, Velasco también ha desmontado varias creencias populares. A pesar de la imagen de Japón como un país consumidor de pescado, en las zonas del interior era muy tradicional "comer caballo", y además crudo, acompañado de salsa de soja. Esto se debía a la cultura budista, la cual rechazaba matar animales. Es más, los emperadores llegaron a prohibir el consumo de carnes como la de vaca o cerdo, un tabú que no se rompió hasta el siglo XIX con la modernización del país. El sushi, contrariamente a lo que se piensa, "no tiene nada que ver con una tradición milenaria". Su origen es relativamente reciente, ya que comer pescado crudo requiere refrigeración. En sus inicios, ha contado la historiadora, existía un "proto-sushi" en el que el arroz se utilizaba para fermentar el pescado, pero "el arroz no se comía, lo que se comía era el pescado fermentado". El sushi con pescado crudo no apareció hasta mediados del siglo XIX, y al principio "lo comía gente pobre, porque era como una cosita para ir por el camino como comida rápida". No fue hasta el siglo XX, con la generalización de las cadenas de frío, cuando se popularizó.