Cuando el presidente Chaves calificó como “therians” y “gente medio tocada” a más de 293.000 costarricenses, cruzó una frontera simbólica profunda: la del reconocimiento del otro como interlocutor legítimo. El desprecio no destruye de inmediato las instituciones, ni clausura la Asamblea Legislativa, ni suspende elecciones. Es más sutil, pero donde se normaliza, comienza a estrecharse la democracia