La llegada de la primavera y la subida de las temperaturas traen consigo un peligro recurrente para las mascotas, especialmente para los perros: la procesionaria del pino. Estas orugas, que descienden de los árboles en características filas, pueden parecer inofensivas, pero su contacto desencadena reacciones muy graves. Para entender los riesgos y saber cómo actuar, el veterinario Francisco Javier, "Canco", de la clínica veterinaria del Cantón en Ferrol, explica las claves de esta amenaza estacional. Esta oruga abandona los característicos bólsulos blancos que forma en las ramas de los pinos para iniciar un descenso hacia el suelo. Según explica el experto, "el objetivo de este viaje es encontrar un lugar de tierra blanda donde enterrarse para crisalidar" y emerger más tarde en verano como polillas. Sin embargo, el verdadero peligro reside en los aproximadamente 500.000 pelos microscópicos que recubren su cuerpo durante la fase de oruga. Cuando se sienten amenazadas, las orugas expulsan estos filamentos, que Canco describe como "dardos envenenados". Estos pelos no solo actúan por contacto directo, sino que "pueden ser transportados también por el aire". Contienen una toxina llamada thaumetopoeina, que produce graves reacciones alérgicas y urticaria tanto en animales como en personas, aunque en estas últimas con menor gravedad por la naturaleza del contacto. La curiosidad natural de los perros les lleva a olfatear o tocar estas hileras de orugas, momento en el que se produce el contacto. Los primeros síntomas suelen aparecer de forma local con una inflamación o edema en los labios, la boca y la lengua, acompañada de un exceso de salivación. En función de la cantidad de toxina, el cuadro puede agravarse y provocar la necrosis de la lengua, lo que puede evolucionar a una pérdida de tejido. Además de los síntomas orales, pueden aparecer inflamación nasal con estornudos frecuentes, enrojecimiento y un intenso picor cutáneo. En los casos más severos, la reacción alérgica puede escalar y causar dificultad respiratoria, vómitos e incluso un shock anafiláctico que podría provocar la muerte del animal. "Es una urgencia que requiere una atención rápida para minimizar los daños", subraya el veterinario. Si se sospecha que una mascota ha entrado en contacto con la procesionaria, el primer paso es lavar la zona afectada de inmediato con abundante solución salina. Sin embargo, Canco advierte de un error común: "Nunca frotando". Frotar la zona o permitir que el animal se rasque o lama solo complica el cuadro, ya que ayuda a liberar más toxina de los pelos. También es fundamental evitar el uso de agua caliente y no intentar provocar el vómito. La recomendación principal es "actuar con rapidez, acudiendo a una clínica veterinaria lo antes posible" para que un profesional valore y trate el cuadro. Además, hay que tener presente que los humanos también pueden sufrir reacciones, por lo que se debe tener protección al manipular al animal afectado. La prevención es clave: evitar las zonas de coníferas en primavera y llevar a los perros con correa para un mayor control son las medidas más eficaces.