Una especie invasora procedente de Nueva Zelanda, un gusano plano llamado 'postenterogonia orbicularis', se ha asentado en el litoral cantábrico, suponiendo una sería amenaza para los moluscos, especialmente para el mejillón. La voz de alarma la dio hace ya más de un año, cuando una investigación de la Universidad de Oviedo dio origen a un grupo de investigadores que continúan tirando del hilo y tratando de averiguar más sobre esta especie. A ese grupo pertenece una bióloga avilesina, Emma Shorter, que se encuentra realizando su tesis doctoral. En una entrevista en COPE Avilés cuenta que tras detectarse su presencia en la Ría de Avilés y el puerto de Gijón en primera instancia, ya se constata su expansión por toda la costa. Los estudios que está llevando a cabo Shorter junto al equipo de investigación revelan la magnitud del problema. Según sus conclusiones, un solo gusano plano come de media 0,35 gramos de mejillón al día. Aunque la cifra puede parecer menor, la investigadora advierte de su impacto real: "En un único muestreo de unas tres horas sacamos 1.100 individuos". Teniendo en cuenta que un cabo de una batea media contiene unos 13 kilogramos de carne de mejillón, los cálculos son alarmantes: "Tardarían cuatro meses en ventilarse todos los mejillones de ese cabo". Esta capacidad de depredación supone una amenaza directa para las empresas dedicadas al cultivo de mejillón. Aunque en Asturias el sector no es tan grande, el riesgo se multiplica si la plaga se extiende por Galicia, una de las principales regiones productoras. "Al alimentarse de mejillones, puede suponer una amenaza, sobre todo para las empresas que estén especializadas en el cultivo de mejillón", explica Shorter. El equipo de investigación maneja dos hipótesis sobre cómo pudo llegar esta especie desde Nueva Zelanda hasta las aguas del Cantábrico. La primera es el transporte marítimo, ya sea en las aguas de lastre de los barcos o en incrustaciones en el casco. La segunda vía es el propio comercio de la acuicultura, ya que "como se van vendiendo mejillones, ostras, etcétera, para las distintas empresas, se puede ir propagando de esa manera". La preocupación en el sector ya es una realidad. Shorter confirma que varias empresas han contactado con ellos para identificar gusanos sospechosos. De momento, no existe un método de control definitivo. La principal recomendación para los productores es no mover los mejillones de una batea a otra si se detecta la presencia del gusano para focalizar la invasión. Mientras, la investigación se centra en conocer mejor la biología del animal y en explorar soluciones como el uso de focos de luz, que parecen repelerlo, o los lavados con agua dulce. Se intentan evitar los tratamientos químicos para no generar toxicidad en el producto final.