Julián, agricultor madrileño: «Hace una semana o diez días todo estaba cubierto de agua, igual que si hubiese una laguna»

Más de 300.000 hectáreas en la Comunidad de Madrid están destinadas a la agricultura. Un terreno que alimenta a los vecinos y nutre la gastronomía local. Los principales cultivos que se trabajan son los cereales -cebada y trigo-, seguidos de viñedos, olivar y almendro. Esta variedad de producto, sin embargo, no se verá reflejada en los mercados este año. Parte de las cosechas se han echado a perder por las lluvias que han azotado la región en las semanas previas. Julián es un agricultor madrileño que ha sufrido las consecuencias de las borrascas. Habla con el programa 'Hablamos de Madrid', de TeleMadrid, y enseña hasta qué punto las tormentas han estropeado su terreno. «Todo esto era una balsa de agua. Hace una semana o diez días todo estaba cubierto de agua, igual que si hubiese una laguna», comenta de camino a su finca. El terreno recibió grandes cantidades de agua de lluvias que no se pudieron absorver plenamente. «Casi cuatro semanas lloviendo todos los días, sin parar ni un día. Habrán sido cerca de 200 litros de agua», calcula. Hay entre 20 y 30 hectáreas afectadas, lo que supone de una pérdida de hasta el 60% de la cosecha. En esa zona sembró cebada, un alimento que es especialmente sensible a la humedad en sus primeros días de sembrado. Las lluvias han ahogado la cebada que tiene plantada: «La simiente se pudre y no ahija, no sale el tallito verde». Explica a la reportera que «parece que ni se ha sembrado todavía, está empezando a despuntar un poquito. Pero estas siembras ahora mismo, en la época en la que estamos, tendría que tener cuatro dedos, casi cinco, de altura». Julián está intentando recuperar la semilla con abono: «Esos granitos blancos que veis por ahí es abono, amonitro -nitrato de amonio-, para ver si le rehace un poco. Pero vamos, pinta muy mal». Los daños no se quedan aquí, informa, otro de sus cultivos estrella se ha echado a perder. «Vamos a ver los olivos, para que veáis cómo nos ha dejado los campos el agua y las tormentas que hemos tenido». El resultado de cuatro semanas de precipitaciones constantes es la pérdida del 30% de las aceitunas de la finca, unas olivas con las que Julián hace el aceite que vende. «Una vez que la aceituna cae al suelo, con el golpecillo solamente ya se daña», confiesa el agricultor. Las pocas que quedan sujetas a la rama tampoco merece la pena cogerlas: «La poca cantidad que tiene, el trabajo que lleva, el tiempo de dedicación... el coste de recogida es superior al valor del producto». En un año normal Julián es capaz de recoger 800.000 kilos de aceitunas. Este 2026, «el 30% mínimo, se ha quedado en el campo o se va a quedar sin recoger». El madrileño calcula que sufrirá 150.000 euros en pérdidas.