El cerebro de un hombre y el de una mujer no responden igual ante el estrés, y el riesgo de cáncer infantil puede empezar a fraguarse por el estrés social que sufre una mujer durante su embarazo. Sin embargo, durante décadas, la ciencia ha utilizado a menudo un modelo único (el masculino) para investigar enfermedades que nos afectan a todos y a todas. Este sesgo no solo limita nuestro conocimiento científico, sino que compromete la precisión médica y la seguridad de las y los pacientes.