Estas son las críticas cinematográficas de Eduardo Casanova de los estrenos más destacados esta semana. Eva Víctor, hasta ahora poco conocida, dirige, escribe y protagoniza esta genuina muestra de cine independiente. En clave femenina, presenta una hermosa historia de amistad, ligada a circunstancias traumáticas abordadas con tacto. Se suma a las propuestas que visibilizan los abusos soportados en silencio. Lo hace con naturalidad y contención, evitando los artificios, pero sin esconder la dureza de la situación. Tamiza los aspectos dramáticos con ligeros toques de humor y lecturas esperanzadoras. Agnes imparte clases de literatura en el instituto donde estudió. Vive sola con una gata, por eso se alegra mucho cuando recibe la visita de Lydie, su amiga del alma, que se mudó a Nueva York. Años atrás compartieron piso, amistades y secretos. Les sigue uniendo el mismo afecto de siempre. Juntas recordarán aquellos tiempos en los que no todo fue felicidad. Éric Besnard (Delicioso, La primera escuela) vuelve a mirar al pasado y recrea una parte de Los miserables que hasta ahora apenas se había esbozado en las anteriores adaptaciones cinematográficas, lo cual, a priori, suscita cierto interés. No obstante, aquí, la obra de Víctor Hugo se plasma con sobriedad y sosiego. Prima el perfil psicológico de los personajes y profundiza en sus emociones, ilustrando los acontecimientos que les hicieron cambiar. Traza esos caminos de redención con los recursos justos y sin brusquedades. Solo rompe su austera puesta en escena, que se aproxima a las formas teatrales, con unos flashbacks muy oportunos Francia, 1815. Tras pasar 19 años en prisión, Jean Valjean recupera la libertad. Vagando sin rumbo, llega a una ciudad en busca de techo y comida. Sin embargo, en la posada lo rechazan con malos modos. Lo mismo le sucede con el resto de los vecinos; nadie quiere albergar a un exconvicto. Finalmente, monseñor Bienvenu y su hermana Baptistine lo acogen sin reparo alguno. Le extraña la inusual cordialidad con que lo reciben, pero ni aun así renuncia completamente a sus viles pensamientos. Aunque se estrena con la etiqueta de thriller futurista, los presupuestos argumentales que presenta son perfectamente asumibles. Incluso, si se tiene en cuenta el ritmo de los avances tecnológicos, cabe pensar que se queda corto en sus fabulaciones. Por otra parte, centrado el relato, resulta fácil intuir el rumbo que seguirá. Se adivinan casi todos los giros, si bien consigue generar una atmósfera opresiva y plantear dilemas éticos aparentemente actuales, pero que vienen de lejos, como hemos visto muchas veces en la gran pantalla. Sin embargo, lo que antes parecían meras fantasías, se antojan ahora altamente probables. La Fundación Ludovico financia a artistas de distintas disciplinas para que desarrollen sus respectivas artes en las mejores condiciones. Los hospeda en una lujosa residencia, donde cuentan con la ayuda de unos avanzados asistentes virtuales. Clarissa Katsef, que cosechó grandes éxitos años atrás con la literatura juvenil, ha empezado a escribir allí un nuevo libro sobre la figura de Virginia Woolf. El profundo trauma que arrastra desde hace tiempo podría servirle de inspiración. Inesperadamente, la inteligencia artificial que le asiste, Dalloway, comienza a inmiscuirse demasiado en su doloroso pasado.