En 2017 recorrí escuelas públicas y concertadas de Barcelona y observé una transformación silenciosa. No se trataba de tablets en el aula ni de cambios curriculares espectaculares. Era algo más profundo: educación emocional aplicada de manera sistemática. Las maestras repetían una frase que aún resuena en mí. Desde que trabajaban en educación emocional el clima de aula había mejorado muchísimo... Continuar leyendo...