El 28 de febrero suele ser un día extraño, el último del mes más extraño. Seguramente a Donald Trump no se le va a olvidar esta fecha en lo poco que le quede de vida. Ese día murió asesinado Alí Jamenei, otro abuelo que decidió inmolarse para pasar a la historia como el líder espiritual que era, en vez de esconderse como una rata en un búnker o correr a tomar un avión para ponerse a salvo por si las cosas se ponen feas, como ha hecho Netanyahu, refugiado en Alemania mientras su pueblo arriesga la vida. Y ese mismo día Trump enterró cualquier posibilidad de conseguir lo que pretendía como colofón a su carrera política: ser recordado como un gran presidente que logró hacer de nuevo grande su país.