Los negocios del centro de Palma mantenían su actividad en los primeros días de la Guerra Civil. El conflicto había generado miedo, pero la gente confiaba en que pasaría como en las últimas décadas: que la sangre se vertería en frentes lejanos, como Marruecos. El 28 de julio de 1936 era martes laborable y las tiendas de las calles comerciales cercanas a Cort estaban abiertas. Nadie podía imaginar el horror que estaban a punto de sufrir aquellas estrechas vías.