8-M frente a la ola reaccionaria

Hubo una mujer que aprendió demasiado pronto a bajar la voz, que entendió que su opinión pesaba menos y que su futuro tendría los límites que le impusieran otros. Creció en un tiempo en el que las mujeres no podían votar, en el que pedir igualdad era un atrevimiento, en el que la libertad femenina era sospechosa, y en el que necesitaba permiso para trabajar o para abrir una cuenta bancaria. Y pese a todo, empujó. Empujaron. Para que la siguiente generación viviera con más derechos y menos miedo.