Dios es ateo

«Dios es ateo», suele decir mi amigo Miguel Vera con esa media sonrisa que anuncia conversación larga. La frase suena a provocación, pero no nace del desprecio sino del deseo de pensar mejor. Porque, bien mirada, encierra una paradoja fértil: si ser ateo es no creer en ningún dios, entonces Dios -si existe- no puede creer en otro superior a Él. En ese sentido mínimo y casi travieso, Dios sería ateo.