Soy creyente, gracias a Dios

Soy creyente, gracias a Dios. No porque un día lo decidiera delante del armario, como quien escoge vestido, sino porque me ha tocado. Igual que no elegí mi estatura ni el gusto por escribir, tampoco escogí esta certeza testaruda de que hay Alguien ahí arriba. Lo vivo como un don y, a ratos, como una responsabilidad: si a una le han regalado luz, lo mínimo es no pasarse la vida apagando interruptores. Aunque a ratos, como todos (o incluso más), tenga dudas.