Louis Vuitton, emblema del conglomerado de lujo más grande del mundo que sigue haciendo caja en Rusia

En febrero de 2022, cuando Vladimir Putin desencadenó la guerra al invadir Ucrania, LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy) se retiró del mercado ruso . Como buen alumno, el grupo francés cerró sus 124 tiendas rusas (Louis Vuitton, Dior, Bulgari...) unos días antes de que Europa impusiera sanciones a la exportación de productos de lujo. En el mismo periodo, las tiendas Sephora fueron vendidas al director general local, que retomó la actividad bajo el nombre de “Île de Beauté”. En ese momento, LVMH anunció que había donado 5 millones de euros al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para ayudar a las víctimas del conflicto, y Louis Vuitton, por su parte, donó un millón a Unicef. Otras marcas de lujo hicieron lo mismo, pero fueron más discretas en cuanto a las cantidades donadas. El 11 de marzo de 2022, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se mostró firme. “Vamos a prohibir todas las exportaciones de productos de lujo de la Unión Europea (UE) a Rusia [...], los que apoyan la maquinaria bélica de Putin ya no deben poder disfrutar de su lujoso estilo de vida.” Desde esa fecha, están prohibidas todas las exportaciones a Rusia de artículos de lujo cuyo valor supere los 300 euros. Es decir, que LVMH respeta las sanciones europeas, incluso las anticipa. Al menos, en apariencia. Pero, en realidad, LVMH mantiene discretamente abierto uno de sus grandes hoteles rusos y sigue vendiendo allí productos del grupo. La información fue revelada por Reuters el 28 de febrero de 2026: LVMH ha mantenido abierto el Grand Hotel Europe, situado en San Petersburgo , propiedad de la cadena Belmond, que pertenece al grupo al 100 %. “El hotel en sí no está sujeto a sanciones y funciona legalmente”, precisa la agencia de prensa británica. “Sin embargo, ha seguido recibiendo pagos por prestación de servicios a empresas clientes sancionadas por Europa y el Reino Unido, en particular grandes empresas rusas de transporte, energía y medios de comunicación, así como bancos y empresarios militares.” Preguntado por Reuters, LVMH declaró que el Grand Hôtel Europe “funciona de forma autónoma e independiente de Belmond”. Pero eso no es todo. Bastó con una rápida búsqueda en la página web del Grand Hôtel Europe para descubrir que LVMH estaba actuando en contra de sus compromisos en dos niveles. No solo su cadena Belmond sigue operando en Rusia, sino que, además, en el bar del hotel se sirven productos de LVMH . Según la carta disponible en el restaurante, actualmente se pueden comprar y consumir bebidas alcohólicas del grupo en este hotel LVMH de San Petersburgo. En cuanto al champán, hay que pagar 27.400 rublos (302 euros) por una botella de Moët & Chandon Brut Imperial, 37.400 rublos (412 euros) por una Veuve Clicquot Brut y 135.000 rublos (1.490 euros) por un Dom Pérignon Brut y 74.500 rublos (800 euros) por un Ruinart Rosé, por ejemplo. Y para los rusos ricos a los que no les gusta mucho el champán francés, pueden emborracharse con LVMH a base de coñac Hennessy o de whiskies Ardbeg y Glenmorangie , por sumas que pueden alcanzar varios miles de euros. El coñac Hennessy Paradis, por ejemplo, se vende por el equivalente a 6.176 euros. Todo ello a pesar de que la directiva europea que prohíbe la venta de productos de lujo en Rusia por un valor superior a 300 euros también se aplica a los vinos y licores . Pero parece poco probable que una botella de coñac Hennessy Paradis que se vende por varios miles de euros se facture en el hotel por menos de 300 euros. LVMH no respondió a ninguna de las preguntas que le formuló Mediapart . El caso recuerda otro caso de hipocresía de la filial de vinos y licores del grupo LVMH en Rusia. En enero de 2025, La Lettre reveló “cómo LVMH sigue vendiendo su champán en Rusia”. “Tras el anuncio de su retirada en marzo de 2022 y el desmantelamiento de su estructura local, Moët Hennessy creó una red paralela de ventas con destino a Rusia” , revelaba este medio digital. “Sus directivos, recientemente despedidos, activaron un canal de suministro a través de su filial estadounidense dedicada al duty free . Estas prácticas, que aún continúan, contradicen los compromisos públicos adquiridos por LVMH con el mercado y los consumidores.” Y explicaba, con todo detalle, la constitución de esta red paralela que elude las sanciones europeas y estadounidenses sin colocar al grupo en una situación ilegal, ya que solo los productos facturados por debajo de 300 euros habrían transitado por esta red. Según La Lettre , la idea habría surgido de Jean-Marc Lacave, entonces vicepresidente ejecutivo encargado de la distribución, y del exdirector general de la filial, Philippe Schaus. Y cuidado con los denunciantes. También en La Lettre se contaba la historia de Ken Kralick, exvicepresidente de comercio electrónico y negocios electrónicos de Moët Hennessy, que había criticado el recurso de su grupo a este mercado paralelo para seguir vendiendo champán en Rusia . “No solo las denuncias internas no tuvieron ningún seguimiento interno, sino que su autor fue brutalmente convocado seis meses después y despedido por falta grave , con una expulsión inmediata de su oficina por parte de seguridad”, explica el medio. Aunque no se ha demostrado la ilegalidad de esta red paralela, LVMH ha buscado claramente ganar por ambos lados. Al anunciar su salida de Rusia y su apoyo a las víctimas, LVMH se había envuelto en la imagen de una empresa ética y responsable . Eso había respaldado, en aquel momento, el precio de sus acciones en bolsa. El 7 de marzo de 2022, cotizaba a 554 euros, y diez días después, a 629 euros. Bajo anonimato, un exdirectivo del grupo asegura: “Al organizar esta red de venta paralela, LVMH ha actuado en contradicción con sus compromisos públicos y, por lo tanto, ha engañado a los mercados financieros.” La misma observación podría aplicarse al discreto mantenimiento de la actividad hotelera de LVMH en San Petersburgo, así como a la venta de vinos y licores del grupo en el establecimiento. Al ser preguntada sobre estos diferentes temas, la Autoridad de Mercados Financieros no ha querido responder a nuestras preguntas. Traducción de Miguel López