Casi cuatro décadas después del referéndum de 1986 que ratificó la permanencia de España en la OTAN, el debate sobre la Alianza Atlántica vuelve a cobrar fuerza. La guerra en Oriente Medio y las advertencias lanzadas desde Washington por Donald Trump han puesto sobre la mesa un interrogante que parecía superado: si el vínculo estratégico con Estados Unidos sigue respondiendo a los intereses y la soberanía del país. La escalada bélica en la región, con el consiguiente riesgo de extensión del conflicto y de implicación indirecta de aliados occidentales, ha tensionado las costuras diplomáticas en Europa. España ha reiterado su apuesta por la contención, el respeto al derecho internacional y la vía diplomática frente a la intervención militar. Sin embargo, la presión ejercida desde la administración estadounidense, acompañada de advertencias comerciales y políticas, ha introducido un elemento de fricción que trasciende el episodio concreto y apunta a un debate estructural sobre el encaje de España en la arquitectura de seguridad atlántica. No es la primera vez que la pertenencia a la OTAN suscita controversia en la sociedad española. Desde la campaña del referéndum hasta las movilizaciones contra la guerra de Irak, amplios sectores han cuestionado el papel de la Alianza en conflictos internacionales que consideran ajenos o contrarios al mandato de Naciones Unidas. Para otros, en cambio, la OTAN constituye un pilar esencial de la defensa colectiva, un espacio de coordinación estratégica y una garantía de estabilidad en un mundo cada vez más fragmentado y volátil. La coyuntura actual introduce, además, nuevos factores. El discurso de Trump, más transaccional y menos multilateral que el de anteriores administraciones estadounidenses, ha reactivado las exigencias sobre el gasto militar y el alineamiento político de los aliados. En ese contexto, surgen preguntas incómodas: ¿puede España mantener una posición autónoma dentro de la Alianza sin sufrir represalias? ¿Hasta qué punto la dependencia estratégica condiciona la capacidad de decisión del Gobierno en momentos de crisis internacional? Al mismo tiempo, el debate no se limita a la relación bilateral con Washington. La Unión Europea discute desde hace años la necesidad de avanzar hacia una mayor autonomía estratégica, reforzando sus capacidades de defensa sin romper con el marco atlántico. La guerra en Oriente Medio y las tensiones con Estados Unidos vuelven a poner sobre la mesa la posibilidad de redefinir prioridades y alianzas, en un escenario geopolítico donde la seguridad energética, la estabilidad regional y la cooperación multilateral están en juego. Para quienes defienden la salida de la OTAN, el momento actual evidencia los límites de una alianza que, a su juicio, puede arrastrar a España a conflictos que no responden a sus intereses nacionales. Sostienen que una política exterior independiente, centrada en la diplomacia y en la cooperación internacional, permitiría al país desempeñar un papel más coherente con su tradición de apoyo al multilateralismo y a la resolución pacífica de disputas. Por el contrario, quienes apuestan por la permanencia advierten de los riesgos de un aislamiento estratégico en un contexto de amenazas híbridas, terrorismo, ciberataques y tensiones...