El Camilla, un petrolero de 228 metros de eslora que navega con bandera de Hong Kong; o el Trugen, otro petrolero de similar tamaño, pero con bandera de las Islas Comoras; o el tanquero Ostria, algo más pequeño, que puede mover crudo o productos químicos con bandera de Botswana... Hasta cincuenta y cinco buques de transporte de crudo de distintas envergaduras forman un singular club entre los barcos atrapados en los aledaños del estrecho de Ormuz a causa de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Los veinte buques reúnen dos características comunes: son viejos, muchos de ellos vetustos. Además, sobre todos ellos pesan sanciones como integrantes de la Flota Fantasma petrolera rusa.