Sara tenía 17 años. Quienes la conocían la recuerdan como una chica alegre y comprometida con los demás. Era voluntaria en ANFAS, acompañando a personas con discapacidad. Tenía empatía hacia quienes eran diferentes. Y, sin embargo, no encontró ese mismo respeto hacia ella. La familia de la joven fallecida en Cintrúenigo sostiene que llevaba años sufriendo acoso escolar y ciberacoso. Un desgaste que fue dejando heridas invisibles, de esas que erosionan la autoestima hasta hacerla tambalear.