José ha perdido más de 100 kilos en cuatro años: "Tenía 120 pulsaciones en reposo. He adelgazado haciendo ejercicio y comiendo sano, sin ninguna medicación"

La historia de José Morilla es un relato de superación que inspira. Este vecino de Mocejón, en Toledo, ha logrado pasar de pesar 200 kilos a 95, una pérdida de más de 100 kilos que ha transformado su vida por completo. El origen de su problema fue un grave accidente de tráfico que lo dejó en una silla de ruedas, una situación que lo condujo a un estilo de vida sedentario y a una mala alimentación que, sumada a la pandemia, lo llevó a una situación límite. Según su propio relato, la inmovilidad le impidió hacer ejercicio físico y lo sumió en una espiral de malos hábitos. "Mi vida era comer y dormir, comer y dormir, la vida del guarro, sinceramente", reconoce Morilla. Describe una dieta basada en el exceso y los ultraprocesados: desayunaba medio paquete de galletas, almorzaba varios sándwiches y, tras una comida convencional, seguía con meriendas como pizzas o bollos antes de cenar. La clave, explica, era que consumía "muchísima cantidad de calorías que realmente no las gastaba". Este aumento de peso trajo consigo graves problemas de salud. Le realizaron pruebas de apneas del sueño, y su frecuencia cardíaca en reposo alcanzó las 120 pulsaciones por minuto, una cifra alarmante. "Yo amanecía con los ojos cerrados", recuerda, explicando cómo el médico le confirmó que un síntoma tan peculiar como despertarse con una enorme cantidad de legañas estaba directamente relacionado con su obesidad. El cambio llegó un día gracias a la intervención de sus padres. "Hizo click mi cabeza, y dije, bueno, ¿por qué no? "Voy a probarlo", comenta. Admite que el proceso no fue sencillo y que tuvo recaídas al principio, pero la clave fue coger una rutina y empezar poco a poco, con caminatas de apenas un kilómetro. Su método se ha basado en "hacer ejercicio y comer sano", desterrando la idea de que para adelgazar hay que pasar hambre. En lugar de fritos, ahora cocina al horno o en freidora de aire, y aunque ha reducido los hidratos de carbono, los considera fundamentales para el ejercicio. Incluso ahora tiene su propio documental. Este reportaje recoge su caída, su lucha y su renacimiento a través de entrevistas, imágenes reales y momentos íntimos que muestran que, incluso cuando todo parece perdido, siempre hay un motivo para levantarse. En este proceso, el boxeo ha jugado un papel fundamental de la mano de su entrenadora Nelly, a quien considera "mi hermana, mi todo". Para José, el boxeo va más allá de los golpes; es "una disciplina" y "una familia" donde los niños aprenden respeto. "Se suben a un ring, están haciendo boxeo, bajan, se dan un abrazo y vuelven a quedar para hacer eso", explica, contrastándolo con la rivalidad que se ve en otras disciplinas deportivas. El cambio físico también ha supuesto una liberación en su día a día. Recuerda cómo antes la gente "cuchicheaban" al verle y las dificultades que tenía para tareas cotidianas como "vestirme, ducharme, ir al servicio". Actos que ahora realiza sin pensar, antes requerían una planificación. "Ahora yo me levanto, pum, nada, me visto y me voy, hago, traigo, voy, vengo, todo", celebra. José Morilla envía un mensaje claro a quienes están en una situación similar: escuchar a la familia cuando se preocupa por la salud y encontrar una actividad que motive. "A mí me ha picado la droga del deporte, que es lo más bonito que me ha pasado en la vida", afirma. Ha pasado de vivir para comer a vivir para hacer deporte, disfrutando de la naturaleza en sus salidas en bicicleta. "En el sofá no lo ves. No ves un conejito, una perdiz, un jabalí, un ciervo", concluye, animando a todos a moverse y a cuidar de sí mismos.