Carlos Herrera y José Ángel Saiz Meneses desentrañan las claves del sufrimiento y debaten sobre la piedad popular

La Fundación Cajasol ha cogido este jueves una jornada organizada junto al Aula Moscati, denominada Medicina y Fe, que ha abordado un tema de profunda reflexión: “¿Tiene sentido la enfermedad y el sufrimiento?”. Un espacio de diálogo y reflexión entre fe, ciencia y humanidad que ha dejado importantes mensajes del abogado y escritor Eduardo del Rey y también del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. La semblanza sobre la vida, obra y virtudes del Venerable siervo de Dios Miguel de Mañara, figura destacada por su legado espiritual y su compromiso con los más necesitados, sirvió para abrir un debate en el que participaron monseñor José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, y el comunicador de COPE, Carlos Herrera. Ambos aprovecharon la ocasión para departir sobre otras cuestiones de actualidad sobre la Sevilla cofrade y la piedad popular. El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, y el periodista Carlos Herrera, mantuvieron una profunda charla sobre el sentido de la vida ante la enfermedad y el dolor. El prelado destacó que, ante una persona que sufre, la respuesta cristiana no es solo teórica, sino profundamente humana: "lo que yo haría es rezar por ella, escucharla, animarla y acompañarla". Saiz Meneses subrayó que la vida siempre vale la pena, incluso en las circunstancias más difíciles, y que el papel del acompañante es ser un soporte emocional y espiritual que ayude a encontrar esperanza en medio de la vulnerabilidad. Por su parte, Carlos Herrera aportó una visión íntima y conmovedora al compartir la experiencia con su madre. El periodista recordó cómo la fe fue el pilar fundamental que sostuvo a su progenitora durante su vejez y enfermedad. Con cariño, relató la devoción de su madre hacia el Cristo de El Gran Poder, a quien ella llamaba cariñosamente "mi novio". Herrera describió cómo, a pesar de sus limitaciones físicas y de tener que desplazarse en silla de ruedas, su prioridad siempre fue visitar a su "Señor de Sevilla". La reflexión conjunta de ambos ponentes puso de manifiesto que el sufrimiento, lejos de quitar valor a la existencia, puede convertirse en un espacio de encuentro y amor. Mientras el arzobispo enfatizaba la importancia del acompañamiento activo y la oración, Herrera personificaba esa teoría con el ejemplo de una mujer que, hasta sus últimos días, encontró en su fe la fuerza necesaria para enfrentar la enfermedad con dignidad y una sonrisa, recordándonos que el cuidado de nuestros mayores es, en sí mismo, un acto de fe y humanidad. Carlos Herrera destaca un aspecto fascinante de la devoción: su permanencia e inmutabilidad. Reflexiona sobre cómo las personas nacen, crecen y envejecen, mientras que la imagen de su devoción permanece idéntica a través del tiempo. Esta conexión crea un "vector" de estabilidad emocional y espiritual, donde el creyente se reconoce en la imagen que vio desde su infancia, a pesar del paso de los años y de la proximidad de la muerte. El arzobispo monseñor Saiz Meneses, por su parte, enfatiza la belleza y el poder espiritual de las representaciones de Jesús y la Virgen María. Describe estas imágenes no solo como objetos artísticos, sino como vehículos para el diálogo con Dios, capaces de detener el tiempo y sumergir al observador en una profunda contemplación. La conversación también toca la rica tradición de las hermandades y la piedad popular. Al comparar su experiencia previa en Tarrasa con su llegada a Sevilla, el arzobispo utiliza la metáfora de pasar de cuidar una "pequeña planta" a encontrarse con un "bosque" o un "jardín florido". Esta imagen resalta la magnitud y el vigor de la religiosidad popular en la capital andaluza, donde la fe se vive con una intensidad y una presencia social excepcionales.