Luis Maya tiene 60 años, más de cuarenta vinculados al carnaval y todavía más siguiendo al Tenerife. Su historia con el club comenzó mucho antes de cualquier reconocimiento público o de su popularidad dentro de las murgas. “El Tenerife fue antes que todo”, recuerda. Fue su abuelo paterno quien lo llevó por primera vez al estadio, a la antigua Herradura de madera y cemento, cuando apenas tenía siete u ocho años. Desde entonces, el vínculo no se ha roto nunca. Ha visto pasar generaciones de futbolistas, ascensos, descensos, noches europeas y épocas difíciles. Pero su forma de vivir el fútbol siempre ha sido la misma: fidelidad absoluta. “Del Tete no me equivoco. Es mi único equipo”, explica. Para él no hay espacio para dividir el corazón entre grandes clubes de fuera. El único que le hace gritar un gol es el Tenerife. A lo largo de los años también ha formado parte de la vida social del club desde la grada. En 1992 participó en la fundación de la peña Boca-Chillero 1909, donde ejerce como tesorero desde hace décadas. Un rol que, dice entre bromas, le dieron porque confían en él. “El dinero ajeno es el dinero ajeno. Eso me lo enseñaron en casa”, afirma. Su pasión por el Tenerife siempre ha convivido con otra de sus grandes identidades: el carnaval. Luis es una figura muy conocida dentro de la murga Mamelucos, con la que lleva más de cuatro décadas compartiendo escenario, ensayos y amistad. De hecho, en muchas ocasiones la agenda de la murga se adapta para evitar coincidir con los partidos del equipo blanquiazul. En los últimos años, sin embargo, su vida ha tenido que adaptarse a nuevas circunstancias. En diciembre de 2023 sufrió una retención de orina provocada por una hiperplasia benigna de próstata que marcó un punto de inflexión en su día a día. Aun así, la situación no ha frenado ni su presencia en el carnaval ni su apoyo al Tenerife. “La incapacidad se deja a un lado”, resume con naturalidad. Incluso desde esa nueva posición sigue participando activamente en las actuaciones, ahora en primera fila y con maracas, manteniendo el mismo entusiasmo de siempre. Su compromiso con el club también se refleja en su papel como defensor del abonado del Tenerife, una labor que desempeña ayudando a aficionados que necesitan orientación o resolver problemas relacionados con el equipo. “Me encanta porque puedes ayudar a la gente”, explica con orgullo. Después de tantos años en la grada, elegir recuerdos no es sencillo. Pero cuando se le pregunta por el mejor jugador que ha visto con la camiseta blanquiazul, no duda: Fernando Redondo. “Era magia”, dice. Y entre los entrenadores, su referencia es Jupp Heynckes, por la trascendencia de lo que logró en el club. Sin embargo, más allá de nombres y épocas, lo que define la historia de Luis Maya es la constancia. Décadas animando al mismo escudo, celebrando los buenos momentos y resistiendo los malos. Porque para él, como repite con una sonrisa, el Tenerife no es solo un equipo: es parte de su vida.