¿Cocinaban y limpiaban los humanos del Neolítico? Un estudio microscópico asegura que también tiraban la basura

Los especialistas examinaron capas diminutas conservadas bajo el poblado de Molino Casarotto mediante métodos como micro-FTIR y rayos X, lo que permitió detectar partículas alteradas por calor y residuos de actividades repetidas El pequeño pueblo que alberga un castillo de origen musulmán y una cueva famosa por sus pinturas rupestres y sus murciélagos Ningún grupo humano puede habitar un lugar durante mucho tiempo si no dedica parte del día a tareas básicas que mantienen el espacio en condiciones de uso. Las actividades de mantenimiento han acompañado siempre la vida diaria, porque cualquier comunidad necesita limpiar, retirar restos o ordenar el lugar donde vive. Incluso los pueblos muy antiguos tenían que afrontar esas labores de forma regular si querían seguir usando sus viviendas. Sin ese trabajo cotidiano el interior de las casas se llenaría de cenizas, restos orgánicos o suelo deteriorado por el paso continuo de personas. Cada sociedad desarrolló soluciones para gestionar esos problemas prácticos . Ese mismo tipo de tareas constituye el punto de partida para entender cómo funcionaban muchos asentamientos prehistóricos. El equipo científico desentrañó lo que ocurría bajo las cabañas gracias a pruebas microscópicas muy detalladas Un estudio publicado en Archaeological and Anthropological Sciences reconstruye con gran precisión cómo funcionaban esas tareas en el asentamiento neolítico de Molino Casarotto , en el norte de Italia. El equipo de investigación analizó sedimentos conservados bajo las viviendas mediante técnicas microscópicas de alta resolución. Esos fragmentos de suelo guardaban cenizas, restos orgánicos y partículas alteradas por el fuego. El examen detallado de esas capas permitió identificar actividades repetidas dentro y alrededor de las casas. El estudio alcanzó ese nivel de detalle gracias a la micromorfología arqueológica El yacimiento de Molino Casarotto conserva depósitos que proceden directamente de la vida diaria. Allí los investigadores aplicaron análisis micromorfológicos junto con técnicas como micro-FTIR y difracción de rayos X para estudiar el sedimento sin destruirlo. Con ese método observaron capas diminutas que registran acciones humanas repetidas. Algunas zonas acumulaban restos procedentes de hogares y placas de cocción renovadas varias veces. También aparecieron piedras calentadas que se usaron durante la preparación de alimentos. Gracias a ese registro microscópico fue posible reconstruir la forma en que se utilizaban los espacios domésticos. Las viviendas mostraban señales claras de cuidado continuo y reformas periódicas del terreno Otra parte del estudio se centró en cómo se mantenía el interior de las viviendas. Las capas del suelo muestran superficies barridas de forma reiterada y renovaciones periódicas del terreno. En varias zonas aparecieron sedimentos compactados por el paso frecuente de personas. También se detectaron capas finas añadidas para nivelar el suelo y mejorar la habitabilidad del interior. Ese tipo de reparación del suelo permitía mantener una superficie más cómoda para caminar y trabajar dentro de la vivienda. La ausencia de acumulaciones desordenadas de restos indica, por lo tanto, que los habitantes retiraban los desechos con frecuencia. Durante mucho tiempo la arqueología prestó mayor atención a transformaciones amplias como la domesticación de plantas, la expansión agrícola o la construcción de grandes monumentos. Sin embargo, varios estudios recientes han empezado a examinar el día a día de las comunidades prehistóricas. Analizar la vida cotidiana permite entender cómo se organizaban las casas, cómo se distribuían los espacios y qué rutinas se hacían en la vida diaria . Esa perspectiva muestra que la experiencia en el hogar tenía un papel decisivo en las primeras comunidades agrícolas. Las actividades del hogar también formaban parte de la estructura social de esos grupos. Los fuegos encendidos dentro de las cabañas revelaban una cocina estable y repetida Las huellas más claras de cocina aparecieron en zonas de combustión localizadas dentro de las viviendas. Allí los investigadores identificaron capas de ceniza fina, restos carbonizados y sedimentos alterados por calor. Estos indicios indican que el fuego se encendía con frecuencia en lugares definidos del interior. El conjunto de evidencias revela un patrón de acciones repetidas a lo largo del tiempo Los residuos asociados muestran que el fuego se utilizaba para preparar alimentos y para otras tareas domésticas. En algunos casos aparecieron conchas descartadas que habían sido calentadas a menos de 200°C, lo que sugiere que se hervían o se asaban lentamente con ayuda de piedras calientes. Esa repetición de encendidos demuestra que las casas funcionaban como espacios de cocina estables. Los vecinos apartaban la basura a zonas concretas y creaban montones separados Fuera de las áreas habitadas se localizaron depósitos de desecho . Allí se acumulaban cenizas, fragmentos de materiales y restos orgánicos retirados del interior de las casas. La posición de esos depósitos indica que los habitantes trasladaban los residuos a lugares concretos del asentamiento. Con el paso del tiempo se formaron montones de desecho diferenciados del espacio donde se vivía, como si fueran vertederos. Esa separación muestra una organización clara del asentamiento y un sistema regular para retirar lo que se producía dentro de las viviendas.