Durante casi 30 años, Teresa Figueroa llevó con mano férrea la promoción de las películas de la Warner en España . La productora era una de las 'majors' de Hollywood , es decir uno de los grandes estudios, pero también uno de los que gozaban de más pedigrí por sus éxitos y sus estrellas. Todas las anécdotas vividas en su trabajo con los artistas que acudieron a los estrenos han quedado reflejadas en un libro de memorias de cine y salseo: 'Diario de una publicista'. Aviones privados, chefs con instrucciones precisas sobre el menú, suites en hoteles de lujo o, incluso, mansiones en Marbella: la lista de caprichos y exigencias jalonan las páginas y despiertan de nuevo los recuerdos a la publicista, que nos guía por este mundo de egos y glamour. «Antes que nada, me gustaría destacar que los artistas de Hollywood se toman muy en serio la promoción», aclara Teresa: « Son muy disciplinados . Y la mayoría de ellos, muy puntuales. Algunos como George Clooney, Sigourney Weaver o Jodie Foster, por ejemplo, estaban preparados quince minutos antes de la hora a la que eran convocados». La mecánica de trabajo respondía a un ritual bien engrasado: se recibía el comunicado de la estrella que iba a acudir, su agente enviaba las peticiones especiales, se reservaba el avión privado desde Londres y la suite, habitualmente el hotel Villamagna en Madrid (el Ritz era otra opción) o el hotel Arts en Barcelona. Así se hizo con Robert de Niro, lo que nadie se esperaba es que se plantara por su cuenta un día antes, «sin maletas, con lo puesto y algo descolocado». En el caso de Whoopi Goldberg, que vino acompañada por su pareja, el actor Ted Danson, se reservó en Marbella una lujosa mansión con mayordomo y cocinero. «Iban a quedarse una semana, pero al cuarto día pidieron el avión, que estaba a su disposición en todo momento, para ir a Marrakech, donde solo pasaron una jornada antes de irse sin dar explicaciones ». La actriz puso de los nervios al chef, porque los días que estuvo alojada pedía el mismo menú para luego dejar muchas sobras que se desperdiciaban. Teresa solo recuerda haber cerrado toda una planta de un hotel en una ocasión, en el Arts: «Will Smith vino acompañado de un séquito de casi diez personas, entre las cuales estaba su hijo, la nanny y los guardaespaldas. Además, trajo un equipaje fuera de lo común, porque tenía la costumbre de cambiarse de ropa cada tres entrevistas. Necesitaba mucho espacio y era la mejor forma de mantener su intimidad». Normalmente, la entrada a los hoteles el primer día no se hacía por el 'hall', no hacían el 'check in' en el mostrador con los demás clientes, sino que entraban por las cocinas, esquivando la prensa y los curiosos que en ocasiones acechaban a las puertas de los establecimientos. Los restaurantes favoritos eran Horcher y Casa Botín, y para las salidas nocturnas, la apuesta más segura era el flamenco del Corral de la Morería : «Tenía una sala muy íntima desde la que se veía el escenario, pero el público no los veía a ellos». Los que más disfrutaron, Nicole Kidman, Steven Seagal, Jeremy Irons o Robert De Niro y Charlton Heston, del que habla maravillas: «Era un caballero. Nos decía que los mejores recuerdos de su vida como actor fueron aquí, en España». Otros, como Mark Whalberg, prefería la juerga en las salas de fiesta de moda: «Se les hacía llegar a los de seguridad una lista de lugares seleccionados». Lo malo de perder a las estrellas por la noche madrileña era tener que despertarles temprano al día siguiente para las entrevistas. Teresa recuerda la tensión que vivió con Glenn Close: «Se acababa de divorciar y, al parecer, su única preocupación era que su ex marido se presentara de imprevisto y se llevara a su hija con él». Y la sorpresa que se llevó con Mel Gibson: «Fui a su habitación para dejarle un sobre y me abrió la puerta descalzo. ¡Era más bajito de lo que imaginaba!». Las botas de piel que llevaba ayudaban a ganar unos centímetros. Del australiano recuerda que «se enamoró de Barcelona cuando vino a presentar 'Mad Max' y le organizamos un tour muy especial. Vino en varias ocasiones, y en la última visita nos pidió organizar un pequeño paseo en barco en el que disfrutar de una paella». A veces había peticiones extrañas, como la de Margaret Avery, actriz de 'El color púrpura', quien solicitó un bote de suavizante de la marca Norit. No quería otro. Eso sí, a las seis de la mañana. Otras eran meros arrebatos, como en el caso de Halle Berry, que pidió que la llevaran de compras por las mejores joyerías. Por lo visto tenía ganas de darse un carísimo capricho . Y si hablamos de joyas, tenemos que recordar una curiosa anécdota protagonizada por Ana Obregón, de la que se encaprichó Steven Seagal, y a quien quiso regalar una pulsera de diamantes. Ana le invitó a casa, él debió pensar que tenía plan, pero se encontró con toda la familia Obregón recibiéndole amablemente. Cuando se dio cuenta de la confusión, el actor volvió al hotel y devolvió la pulsera. Durante todo ese tiempo, Teresa se encargó también de cerrar las entrevistas de la prensa con las estrellas, aunque una vez vivió una situación que escapó de su control: «Nos hicieron llegar una entrevista que se hizo en París a Clint Eastwood por 'Sin perdón'. Yo pensaba dársela a un buen periodista...», pero se encontró con que se la habían concedido a Isabel Preysler, por entonces esposa del Marqués de Griñón, para su sección en la revista '¡Hola!': «No pude hacer nada. Una pena, ya nos llegó sabiendo que habían tenido que reescribirla por completo ».