Hay dolores que se instalan en nosotros poco a poco y casi sin avisar. Una rodilla que cruje al subir las escaleras, un dedo que amanece rígido o una cadera que protesta tras dar un largo paseo hacen que centremos nuestra atención en partes del cuerpo de las que nunca nos habían preocupado. La artritis y el desgaste articular forman parte de esas dolencias silenciosas que, una vez que se hacen visibles, ya condicionan la vida cotidiana.