Hace algo más de cuatrocientos años, William Shakespeare imaginó una brumosa historia llena de hadas, hechizos, amantes, reyes... en un bosque mágico y misterioso al tiempo. En 1960, el compositor británico Benjamin Britten escribió una ópera basada en esta comedia inmortal: ' El sueño de una noche de verano '. El martes 10, el Teatro Real la pone en pie (habrá seis funciones hasta el domingo 22) con una pareja de directores que ha formado un exitoso tándem en el coliseo madrileño de la mano del mismo compositor -'Billy Budd', 'Peter Grimes'-: Deborah Warner (escena) e Ivor Bolton (música). Los dos llevan el timón de esta producción que ve la luz en Madrid y que se verá más adelante en los dos teatros que la han coproducido junto con el Teatro Real: la Royal Ballet and Opera de Londres y el Maggio Musicale Fiorentino . El reparto lo conforman Iestyn Davies, Liv Redpath, Daniel Abelson, Juan Leiba, Thomas Oliemans, Christine Rice, Sam Furness, Jacques Imbrailo, Simone McIntosh, Jacquelyn Wagner, Clive Bayley, Henry Waddington, Ru Charlesworth, Stephen Richardson, John Graham-Hall y William Dazeley. A ellos se unen en escena cuarenta y cinco niños del coro de los Pequeños Cantores de la ORCAM y trece bailarines más -además, naturalmente, de la Orquesta titular del Teatro Real en el foso. Deborah Warner (Oxfordshire, Gran Bretaña, 1959), una reconocidísima directora británica y una de las grandes especialistas en Shakespeare, con varias obras del bardo en su mochila, reconoce que nunca había montado antes en el teatro 'El sueño de una noche de verano'. «Creo que es una ventaja a la hora de abordar la ópera, porque no he vuelto a la obra teatral ni un solo minuto durante el proceso de ensayos ; he querido abordarla tal y como es, una obra inspirada en Shakespeare, que utiliza el texto de Shakespeare, pero que es una obra nueva. Es una obra propia. Y creo que así es como debemos abordarla». Aunque el libreto (escrito por Britten junto a su amante, el tenor Peter Pears) respeta el texto original -«salvo una línea, el resto es de Shakespeare»-, Warner cree que el compositor hizo la obra suya al decidir descartar la primera escena, que transcurre en la Corte de Atenas, «y empezar la acción en el bosque, la tierra de las hadas y la tierra de los niños». Hay, cuenta la directora, cuatro mundos: la corte, el bosque de las hadas, los amantes y los rústicos . «Ahí está parte del encanto de la obra, cuatro mundos muy distintos musicalmente -Ivor Bolton asiente- y, por supuesto, visualmente. Estos cuatro grupos chocan y se fusionan dentro del bosque, que es un espacio imaginativo; así que no hemos optado por un bosque representativo ni por un bosque de cuento infantil, sino por algo así como una instalación. Es un espacio extraordinariamente inusual; al principio no estás del todo seguro de lo que estás viendo, pero tu mirada queda fascinada. Hay una dimensión aérea, hay columpios, hay una dimensión terrestre... pero por un momento parece que estás viendo una instalación en una galería de arte. Pero también se puede pensar en un espacio vacío, que es algo parecido a la definición de Peter Brook del teatro, un espacio vacío en el que la imaginación del público y, por supuesto, la de los intérpretes, puede jugar». No ha mencionado en vano Deborah Warner a Peter Brook . «Con nueve años tuve la suerte de ver la producción que hizo de la obra teatral en la Royal Shakespeare Company», que marcó un antes y un después en la concepción del teatro shakesperiano moderno por su audacia, su poética y su minimalismo. Deborah Warner ha creado una puesta en escena compleja, con un coro infantil de 45 niños, «un grupo de bailarines multidisciplinares: bailarines urbanos, acróbatas, artistas de ballet… Kim Brandstrup, nuestra coreógrafa, ha encontrado un lenguaje visual muy distintivo y, en mi opinión, muy emocionante para la obra ». La producción desdobla el personaje de Puck, el duende juguetón que habita el bosque. «Lo encarnan un actor -en la ópera es un papel hablado- y un bailarín aéreo». Benjamin Britten, interviene Ivor Bolton ((Blackrod, Inglaterra, 1958), «era un dramaturgo supremo, un poco al estilo de Verdi, que trabajaba muy de cerca con sus colaboradores para establecer la forma dramática de la obra antes de comenzar a componer. Creo que este es un punto absolutamente crucial: cuando el drama está ya formado antes de que la pieza se conciba musicalmente de manera concreta, el resultado es algo muy específico». Cuenta el director de orquesta británico que 'El sueño de una noche de verano' está concebida para una orquesta de tamaño intermedio entre sus grandes óperas y sus óperas de cámara. Musicalmente, los cuatro mundos de los que hablaba Deborah se reducen a tres, ya que la Corte solo aparece al final, en el desenlace de la obra. Hay sonidos específicos para el bosque -es el sonido dominante en esta ópera-, y la orquestación emplea instrumentos como la celesta, el arpa, las cuerdas en 'glissando'. Es un mundo completamente mágico. La música para los amantes es mucho más convencional: bloques de cuerdas alternando con escritura apasionada en madera, una música muy pasional, muy lírica. Los rústicos que representan la obra son personajes cómicos, y Britten encuentra un mundo muy específico para ellos, utilizando principalmente instrumentos de viento metal en su tesitura normal y maderas en una tesitura más baja. Hay toda una construcción pictórica aquí y un estilo mucho más esbozado, más humorístico».