Nos hemos quedado sin la leche, la nuestra, la buena, la fresquita. Como usted sabrá, Agama, ahora propiedad de la cervecera catalana Damm, ha bajado la barrera para siempre y se ha ido con el Laccao a por otras vacas, las de otro lado de la orilla. Pena, penita, pena. Ahora nos lamentamos todos de tan apocalíptico final, que, todo hay que decirlo, era una muerte anunciada. Muy típico de los humanos buscar culpables, que de poco sirven ahora. La empresa, la primera, que no quiere perder con la leche lo que gana con las birras. Muy mediterráneamente, vamos. Lo más blanco que tienen ahora es la Rosa Blanca que tampoco se hace aquí, querido lector.