No entiendo por qué la democracia ha arruinado el sistema educativo. El hundimiento es tan estremecedor que permite pensar en una acción deliberada. Tampoco comprendo por qué no hay protestas ante tal estropicio. Basta ver los datos comparados de España con Europa para certificar el fracaso del sistema, aún más grave en Baleares. No obstante, el silencio es sepulcral. Ni centros, ni sindicatos, ni academia, ni padres, ni observatorios; nadie habla. Cambian los gobiernos, sigue el desastre.