El anillo de Giges, según un viejo mito, nos permitía volvernos invisibles. Hoy son las redes sociales las que cumplen esa función, con la diferencia que nos volvemos invisibles para, sin dar la cara, poder insultar, ofender, mofarnos, denigrar o injuriar a quien se nos antoje, sin importar su condición. Es el lado oscuro de la red.