Le hablas. Tú eres consciente de que te oye a la perfección. Pero no responde. Como si nada. Y cuanto más repites y ya gritas desde lejos , menos efecto parece tener. Pero no es desobediencia, ni tampoco una decisión consciente para fastidiarte a ti. Porque, y así lo aclara Sonia Martínez Lomas, psicóloga y fundadora de los Centros Crece Bien, «la desobediencia implica la intención de no seguir una instrucción. Y en muchos casos, no la hay». En realidad suele ser una cuestión de desarrollo. El niño, prosigue Martínez Lomas, «no está valorando si te obedece o no. Está gestionando una transición mental que le cuesta más que a nosotros. Cuando los padres entienden que no es un pulso... Ver Más