La luz crepuscular de Nashville irradió de lleno en la poesía, ritmo y composición de canciones definitivas que experimentaron un minucioso proceso de transformación en la música desde que una mujer agarrase un banjo, una guitarra o un violín y decidiera interpretar Americana. El florigerio poético para esta música supuso un cruce de caminos entre rock, country y pinceladas de blues, entonado desde voces cargadas de verdad y desgarro. Han debido ser demasiadas las madrugadas en vilo componiendo al desamor desde la autoexigencia, la sinceridad y la delicadeza. Algún rayo de sol en esos atardeceres debió escaparse y atravesar medio mundo para iluminar a la nueva miembro de mi banda, Lola Tovar.