Llueve de nuevo y no se limpia la conciencia de lo que ha de venir. Llueve sobre Adamuz, sobre nosotros. Llueve sobre algunos actores y actrices españoles que se han llegado a creer que ellos son la Cultura: así, en mayúscula. Y por eso se ponen su chapita y son capaces de hablar absolutamente de todas las debacles que asolan nuestro mundo, pero no hay ni un segundo para recordar a los 46 muertos de Adamuz y a sus 152 heridos. Claro que su hubiera habido en Espala un gobierno conservador, los actores se habrían inventado una chapita con forma de vía de tren; y si la esposa y el hermano y los dos secretarios de organización de ese partido conservador hubieran estado involucrados en casos de corrupción con meretrices, plazas creadas a dedo -imagino que mi despacho estaría en el edificio, imagino que mi ocupación sería trabajar-, no te quiero ni contar las maravillosas escenas de conciencia crítica que nos habrían podido regalar. Pero no: si el partido del gobierno es amigo, o lo sentimos amigo, y estamos cómodamente colocados en nuestra ubicación tradicional, para qué vamos a movernos, para qué vamos a pensar.