No quedará un solo español calvo

Cuatro palabras le han bastado a Pedro Sánchez para poner patas arriba a la opinión pública mundial respecto al ataque de Estados Unidos a Irán: “No a la guerra”. También es verdad que unas palabras dichas detrás de un atril visten mucho, es el complemento perfecto, que pega con todo y que realza las formas y el fondo de lo que se dice. Cuatro palabras para compensar aquellas otras cuatro palabras que pronunció Aznar después de su patética imagen con los pies sobre la mesa y fumando un puro con Bush: “Estamos trabajando en ello” (léase con acento tejano) al preguntarle la prensa sobre la inminente invasión de Irak. Una guerra en la que fuimos la comparsa necesaria para legitimar un ataque y que provocó que sufriéramos el atentado más grave de nuestra historia con 192 personas muertas y miles de heridos. Ni olvido ni perdón. Al presidente del Gobierno le han bastado estas cuatro palabras: “No a la guerra” para, esta vez sí, dar un puñetazo sobre la mesa y plantarse frente al acosador naranja de la Casa Blanca. Un efecto dominó que ha obligado a mojarse a los timoratos líderes de la Unión Europea, siempre tan dados a nadar y guardar la ropa y que han provocado una ola de solidaridad mundial, incluso en los propios Estados Unidos hartos ya de los caprichos de niño malcriado de su presidente. Como bien decía Jimmy Kimmel en su Late Night, que el propio Trump intentó cerrar sin éxito: “Los misiles de EEUU son más inteligentes que su presidente”. Un plantón y una negativa del Gobierno a involucrarnos en una guerra que ha provocado además un nuevo sentimiento que muchos teníamos adormecido desde que la derecha y la ultraderecha, valga la redundancia, se apoderaron de los símbolos nacionales como la bandera. El sentimiento de orgullo de ser español, que parecía que teníamos anestesiado o que sólo sacábamos con la camiseta roja en los eventos deportivos en los que participaba España. Ahora que los vendepatrias se han envuelto, por cobardía, interés o ambas cosas a la vez, en la bandera de Estados Unidos, han dejado libre la bandera española para que la ondeemos con orgullo los que no somos dados a envolvernos en telas patrióticas. Como muy bien dice el cómico canario Ignatius y uno de los mejores analistas políticos de nuestro país –como buena parte de los cómicos–: “Nos estamos dando cuenta de que ser español es algo que le queda demasiado grande a la derecha”. Las redes se han convertido en un hervidero de memes y chistes que reivindican nuestro país en el mundo y que saltan de móvil en móvil como la imagen de un Perro gigante como sustituto del toro de Osborne como símbolo de nuestro país o el presidente toreando a Donald Trump. El humor siempre ha servido de vía de escape de la incertidumbre, cuanto más se nos escapa de las manos una situación más necesitamos bajarla a tierra y poder bromear sobre ella para sentir, al menos, que al reírnos de ella podemos tenerla algo más controlada. “La risa mata al miedo” como bien decía Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego de El nombre de la rosa . Y no es la primera vez que esto pasa en nuestro país. Recordemos que frente a una de las amenazas más graves a nuestro país, cuando el ISIS amenazó con atacarnos , la respuesta fue una ola de memes sobre el hijo de la Tomasa. La risa matando al miedo, de nuevo. En esta crisis mundial hemos descubierto que no estamos solos en esto de bromear sobre esta escalada bélica mundial. Nos ha salido un aliado tan fiel como inesperado, un Sancho Panza de nuestro Quijotismo. Turquía se ha convertido en nuestro escudero y en un firme defensor de nuestro país. Esta pasión turca por España ya tiene una frase que pasará a la historia y gracias a un tuitero de ese país que reivindica nuestra valentía al plantarnos frente a la injusticia imperial: “A partir de ahora no quedará un solo español calvo en el mundo, es nuestro deber patriótico”. Las redes turcas, especialmente las cuentas de deportes, se han llenado de imágenes de Iniesta o de Pep Guardiola con pelazo e incluso aficionados turcos de fútbol celebran en las gradas la valentía española para plantarse ante EEUU al ritmo de Paquito el Chocolatero . Una ola mundial de solidaridad con nuestra postura antibelicista que dentro de nuestras fronteras también ha conseguido lo imposible: que a izquierda o derecha de nuestro país se reivindique unidos a una patria “de perdedores”, como nos ha llamado Trump. No hay nada que una más a un equipo que un mal jefe o a un país que una amenaza exterior, que un supervillano. Hasta la mismísima Falange está defendiendo la postura de nuestro país frente a Estados Unidos y frente a una derecha timorata históricamente siempre a los pies de Estados Unidos en la que Feijóo podría perfectamente encarnar a Jorge Galindo , el personaje de José Luis López Vázquez en Atraco a las tres, diciéndole al presidente norteamericano aquello de: “Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo…” Siempre nos quedará la risa para vencer al miedo. En resumen, y parafraseando a la anarcofeminista Emma Goldman: Si no me puedo bromear, no es mi revolución. Si llega la Tercera Guerra Mundial, que nos pille riendo, ya tendremos tiempo de llorar.