El asesinato de Deranque refuerza la demonización de LFI de Mélenchon y aleja la unidad de la izquierda

El 12 de febrero, la historia de La Francia Insumisa (LFI) dio un vuelco. Ese día estaba prevista en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Lyon una conferencia a cargo de la eurodiputada de la formación de izquierdas Rima Hassan . Sin embargo, el acto fue lo menos importante de la jornada. Una pelea entre militantes de extrema derecha que acudieron a protestar contra la conferencia y antifascistas dejó a uno de los primeros, de 23 años y de nombre Quentin Deranque , muerto. Las imágenes del suceso han conmocionado a la opinión pública francesa, en las que se ve al extremista tirado en el suelo y siendo golpeado por varias personas en la cabeza y en otras partes del cuerpo. En la paliza, según las investigaciones, participó Jacques-Éli Favrot , asistente del diputado insumiso Raphaël Arnault , fundador de la Jeune Garde, una agrupación antifascista joven que acompaña a los cargos de LFI para protegerlos. Esa conexión con el partido y la no dimisión del parlamentario ha sido la que ha desatado la ola de indignación que ha aprovechado la extrema derecha de Rassemblement National (RN), el partido de Marine Le Pen , para cargar contra los insumisos. Jordan Bardella , su líder y posible candidato en las presidenciales, dijo que el asesinato no era “un hecho aislado” y que era consecuencia de un “clima de violencia” del que responsabiliza a la “extrema izquierda” . Sin embargo, hay algo que Bardella obvia. “El asesinato de Deranque se ha instrumentalizado sin pudor por parte de todas las fuerzas políticas. Los datos muestran que este hecho es una novedad, pues la violencia viene sobre todo por parte de la extrema derecha . Por ejemplo, desde 2017, esta ha aumentado desde representar un 25% hasta dispararse al 70%. En Lyon, es abundante la presencia de estos grupos ultras y son los que suelen protagonizar la mayoría de los conflictos”, explica Jean-Baptiste Harguindéguy, doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la Universidad Pablo de Olavide. Pero no solo ha sido la extrema derecha la que ha cargado duramente contra los insumisos. A lo largo y ancho de todo el arco parlamentario se han repetido los reproches. Incluso en la izquierda, sus antiguos aliados en el Nuevo Frente Popular , los socialistas, han puesto en cuestión nuevas alianzas con ellos después de haber descartado con anterioridad pactos para las elecciones municipales que se celebrarán el 15 de marzo. Su secretario General, Olivier Faure , ha pedido a LFI que no sean ambiguos con la violencia y que no haya complacencia con los grupos violentos. Pero si hay alguien que ha sido especialmente duro ha sido Raphaël Glucksmann , cabeza de Plaza Pública, una formación estrechamente vinculada al PS y una de las figuras con más tirón dentro del socialismo francés, incluso para una posible candidatura a la presidencia. El eurodiputado cargó contra el líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon , al decir que está en una huida hacia delante porque “asume” un vínculo con “gente violenta” , instando al PS a romper todo tipo de vínculo con los insumisos. No es algo nuevo. La relación entre los socialistas y LFI ha sido tensa desde hace muchísimo tiempo, incluso antes del gran acuerdo que permitió la victoria del Nuevo Frente Popular en las legislativas de 2024. Ya durante las negociaciones se vieron las distancias ideológicas entre las formaciones y los choques por el reparto de las circunscripciones. Pero lo peor llegó tras ganar los comicios. El NFP no pudo ponerse de acuerdo en proponer un nombre potente para el puesto de primer ministro, y pese a escoger finalmente a Lucie Castets in extremis, su candidatura fue finalmente fallida. Tras ello llegó la división en las mociones de censura y el apoyo de los socialistas a la segunda candidatura de Sébastien Lecornu , que terminó por dinamitar los puentes entre ambos , también con discusiones sobre el presupuesto para la Seguridad Social . Todo ello cristalizó en la ruptura para las municipales y termina ahora, con la reacción socialista al asesinato de Deranque. “Todo lo que está pasando con el PS hay que entenderlo dentro de la dinámica electoral , no solo de las municipales, sino también de las presidenciales. LFI siempre ha sido durante los últimos años la fuerza hegemónica dentro del espacio de la izquierda, mientras que los socialistas han visto cómo su posición era de extrema debilidad en muchos momentos. Tanto ellos como los ecologistas están viendo esta crisis como una oportunidad perfecta para hacerse con la hegemonía del espacio”, comenta Ruth Ferrero, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid. En este contexto, explica la experta, el PS tiene una coyuntura perfecta para afianzar su relato de presentarse como una izquierda responsable, con posibilidad de llegar al Gobierno y más centrada que los insumisos. “Desde siempre, los de Mélenchon han sido el corazón de todas las alianzas con las que ha participado la izquierda hasta la fecha”, recuerda Ferrero. Y no se equivoca, en el bloque para las elecciones legislativas de 2022, la Nueva Unión Popular Ecológica y Social, más conocida por sus siglas NUPES, LFI representaba 75 de los 151 escaños, mientras que el PS solo tenía 31. En el NFP la correlación de fuerzas se igualó , aunque continuó la primacía insumisa, con 72, por 66 de los socialistas. “Ahora el PS no quiere que le vean nunca más como un partido subordinado al de Mélenchon ”, zanja. Sin embargo, tampoco los de Faure tienen muy claro hacia dónde deben ir, y su connivencia con el Gobierno de Lecornu les está pasando factura. “El PS lleva unos años con constantes idas y venidas, está muy perdido , especialmente en esta legislatura. Llegó con muchas líneas rojas: la tasa Zucman, la anulación de la reforma de las pensiones… pero al final todas han ido cayendo”, señala Harguindéguy. A ello se le suma otra cuestión: “En Francia no sucede como en España, donde en los partidos todo suele estar configurado en torno al líder. En cambio, allí, dentro de cada formación puede haber varias líneas ideológicas que conviven y luchan por el poder. Habrá que ver cuál de ellas es la que termina negociando las coaliciones. De eso dependerá buena parte de la relación con LFI”, explica el experto. Esa es quizás la gran incógnita que se abre a partir de ahora. Qué pasará con la izquierda francesa, a un año vista de una posible victoria en las presidenciales de la extrema derecha, algo que hasta hace pocos años era auténtica ciencia ficción. “Ahora mismo veo 3 posibilidades de cara a un posible acuerdo electoral. El primero es que todos vayan separados y por su lado, el segundo que sí se consiga esa alianza, pero con unos líderes y partidos cuestionados y, por último, que realmente sí que haya un debate interno profundo y se opte por una estrategia renovada”, sostiene Ferrero. Ahora mismo, explica Guillermo Fernández Vázquez, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor del libro Qué hacer con la extrema derecha, el caso del Frente Nacional , la discusión se centra en las primarias para presentar a un candidato unitario en las presidenciales… aunque eso de buscar la unidad no va demasiado bien. “LFI ha decidido no concurrir a ellas , tampoco el ala más a la derecha del PS, por lo que al final solo se presentan los ecologistas y una parte de los socialistas. No creo que este asesinato vaya a ser demasiado determinante en el proceso, porque lo que realmente hace daño a la izquierda es que el PS no solo cambió el paso dando apoyo a Lecornu, sino que también ha transigido con los presupuestos , aprobados por decreto, cuando, en teoría, eso era una línea roja”, subraya. Con esos movimientos, el profesor de la Universidad Carlos III ve bastante improbable que el PS salga airoso de esta situación y tenga un buen desempeño en las próximas presidenciales. “De hecho, creo que si hay un candidato de izquierdas que pase a segunda ronda, ese será con casi total probabilidad Mélenchon”, asegura. Un escenario que sería enormemente complejo a nivel electoral. En el caso de que el líder insumiso pase junto con Bardella, algunas encuestas pronostican que el candidato de la extrema derecha ganaría por un margen considerable al izquierdista. Esas cifras se explican en el proceso de demonización que ha ido sufriendo LFI y que ha culminado con la reacción al asesinato. “Hay que subrayar la idea de que, en los últimos años, ha habido una equiparación de extremismo entre el RN y LFI . Pero además, sobre todo postpandemia, para muchos actores políticos y mediáticos, los insumisos son aún más peligrosos y merecedores de cordón sanitario que la extrema derecha . Por ejemplo, la derecha moderada de Los Republicanos no hace cordón sanitario a RN mientras que sí lo hacen a LFI . E incluso el macronismo acepta ese marco y está cada vez más dispuesto a no pactar con la izquierda”, explica Fernández Vázquez. La diabolización progresiva hace que sea muy complicado reeditar el llamado Frente Republicano que en el pasado había siempre evitado a los Le Pen y a su partido alcanzar el Elíseo. “Al ponernos en esa equidistancia, se normaliza a la extrema derecha a la vez que se deslegitima a una izquierda más contestataria como una opción democrática válida. Cuando suceden estos episodios de violencia política, el debate se vuelve más emocional y atribuir directamente la responsabilidad colectiva de la violencia a un solo un partido. Se queda reducida la complejidad ideológica a una narrativa que plantea que hay dos radicales muy violentos en el territorio”, afirma Ferrero, que ve en peligro la reedición de ese Frente Republicano. Aun con todo, parece muy difícil que esta polémica pueda hundir las expectativas electorales de LFI o les haga perder votos. “Es una formación que ha sobrevivido prácticamente a todo y ahora mismo los electorados están tan marcados en Francia que no preveo grandes cambios. Probablemente, Arnault será obligado a dimitir, pero el rol en política de los insumisos seguirá siendo el mismo , el de alternativa de izquierdas al PS y el de ocupar el espacio que en el pasado representaba el Partido Comunista”, comenta Harguindéguy. No solo eso, el experto mantiene que este proceso de aislamiento por parte del resto de fuerzas podría beneficiar a una LFI que siempre se ha presentado como un partido en los márgenes del sistema y antiestablishment. En ese proceso ha tenido buena parte de responsabilidad su líder, Mélenchon, cuyo puesto, según los expertos, no está en peligro pese a la polémica . Su perfil carismático es muy difícil de sustituir, sobre todo a poco más de un año de las presidenciales. “Lo más probable es que se presente, primero porque él quiere y segundo porque seguramente sea un muy buen candidato ”, dice Fernández Vázquez. De hecho, en los últimos comicios, se quedó a poco más de un punto de poder pasar a segunda vuelta en detrimento de Marine Le Pen . Esa fuerza, pese a ser una figura muy polarizadora, le da credenciales, también a la hora de captar un voto, el multicultural , que hasta su llegada estaba refugiado en la abstención.