Arminius Vambery era un espía al servicio de la corona inglesa. En 1863 llegó hasta los muros de Jiva, en las inmediaciones del mar de Aral. Su suelo, dice, es extraordinariamente fértil, un bello rincón de la tierra, poblado por altos álamos, verdes praderas de hierba y campos repletos de cosechas. Un vergel asiático digno de ser cantado por los poetas más grandes. Creía que los ojos le engañaban. Este paraíso no existe hoy. La ciudad histórica es un mausoleo rodeado de un paisaje muerto, creado enteramente por la fúnebre acción de la humanidad, el inhóspito desierto del Aralkum.