Transcurrieron ya más de 30 años desde que España dejó de ser un país de emigración hasta consolidarse como uno de los principales receptores de población extranjera. «A lo largo de todo este tiempo, se ha sucedido una renovación constante en las regiones, países de origen y motivos de las migraciones hacia nuestro país», explica el Consejo Económico y Social (CES), «en un contexto geopolítico convulso donde, junto a la demanda de trabajo, cobran importancia otros factores que inciden en la movilidad internacional de personas y su dirección». En el análisis sobre el fenómeno que acaba de publicar, el organismo señala entre esas razones «un peso creciente de opciones políticas abiertamente contrarias a la inmigración, el avance del envejecimiento y la crisis de los cuidados, el impacto de las nuevas tecnologías o los efectos del cambio climático».