El Festival de Cine de Málaga arranca su 29ª edición. Y para que este año vuelva a ser un éxito ha desplegado una compleja operación logística para hacer frente a la interrupción del servicio de alta velocidad que conecta con Madrid. Lejos de dejarse intimidar por una incidencia que se prolonga desde hace casi 50 días, la organización ha optado por buscar soluciones contundentes. En declaraciones a COPE ANDALUCÍA, el director del certamen, Juan Antonio Vigar, ha explicado que "para las galas de inauguración y clausura, se ha fletado un vuelo chárter para asegurar la llegada de un número importante de los cerca de 180 invitados que desfilarán por la alfombra roja." Según Vigar, con los trenes no tenían garantizada “la posibilidad de traerlos a todos y sobre todo en hora”, algo crucial para un evento con retransmisión en directo. Para el resto de los días, la solución pasa por traslados por carretera. “Transfers del propio festival se acercarán a la estación Antequera - Santa Ana, para que nuestros invitados vengan lo más cómodo posible”. El objetivo es garantizar la llegada de cineastas, productores, actores y prensa especializada. El certamen se ha puesto manos a la obra desde el primer momento para garantizar la llegada a tiempo de todas las estrellas. Su director reconoce que “esto tiene una complejidad logística grande y un quebranto económico significativo”, pero merece la pena. “El proyecto es muy importante para Málaga y también para Andalucía, y para el propio sector español, y no podíamos quedarnos de brazos cruzados ante esta situación”. Aunque las soluciones han protegido la imagen del festival, Vigar no ha ocultado su preocupación por el impacto general de la avería. Ha calificado la situación como un “gravísimo problema” para la economía de la ciudad, haciéndose eco de las estimaciones del sector empresarial que hablan de millones de euros en pérdidas. No obstante, defiende que el prestigio de la urbe está por encima de estas circunstancias: “La ciudad está por encima de cualquier circunstancia ajena”. El propio festival es un claro ejemplo de ese prestigio. Vigar ha compartido un dato revelador de la Fundación Contemporánea, cuyo panel de expertos del Observatorio de la Cultura ha considerado al Festival de Málaga como el “proyecto cultural más importante de Andalucía” y el noveno de España. Este reconocimiento lo sitúa junto a instituciones que, según el director, “nos superan ampliamente en presupuesto y en capacidad de prescripción”. La clave de este éxito, insiste Vigar, es una filosofía basada en la humildad y el diálogo constante. “Trabajamos buscando ser útiles, no pretendemos tener la verdad del sector”, ha explicado. Escuchar a la industria y modular los objetivos en función de sus necesidades ha permitido al festival consolidarse como “un proyecto realmente muy valorado” y ganar futuro a través de la colaboración. Más allá de la industria, el director ha reivindicado el papel del festival como un motor cultural en un contexto social complejo. Considera que es “muy necesario que la cultura, de algún modo, sea camino en esta sociedad un poco desquiciada para encontrarnos a nosotros mismos y encontrar un poco más de felicidad”. Una celebración del cine que también es un refugio y un punto de encuentro. Esta capacidad de adaptación y escucha ha marcado la trayectoria del certamen desde su nacimiento. El festival surgió en 1998 con un “planteamiento novedoso”: crear un gran festival de cine español en España, algo que no existía a diferencia de otros países como Francia o Italia. Vigar ha reconocido la “visión” de los fundadores al poner en marcha un proyecto nacido para ser útil al sector. Con el tiempo, la organización detectó que la relación del cine español con el mundo iberoamericano era cada vez más estrecha. “Si queríamos seguir siendo útiles al cine español teníamos que evolucionar”, ha razonado Vigar. Así, en la 20ª edición, en el año 2017, el festival dio un “golpe de timón” con dos decisiones estratégicas que cambiaron su rumbo para siempre. Esta 29ª edición llega con el impulso de una altísima participación, que ha supuesto un trabajo de selección “bastante amplio” para los comités. Vigar ha querido romper “una lanza en favor de ellos, porque es un trabajo muy callado, muy en silencio, en zona de sombra que nadie en principio parece valorar” pero que constituye “la esencia” de lo que se presenta al público y a la crítica. El proceso de visionado arranca en abril, apenas termina la edición anterior, y se extiende durante meses. Es un trabajo meticuloso para cribar las obras y configurar una Sección Oficial con películas “realmente interesantes que van a despertar el interés del público”. El objetivo final, ha remarcado, es dar “visibilidad, promoción y difusión” a un cine español que atesora “un enorme talento”. Con la vista puesta ya en la 30ª edición, que se celebrará a la vuelta de la esquina, Juan Antonio Vigar plantea un futuro que combine la celebración del camino recorrido con la indagación de nuevas rutas. Siempre, bajo la misma premisa que ha guiado al festival hasta su consolidación: la escucha activa para seguir siendo una herramienta útil y fundamental para el cine en español.