La movilización ciudadana impulsada en el barrio sevillano de El Cerezo , conformado por austeros bloques de ladrillo visto levantados entre los años 60 y 70 del pasado siglo en esta zona del populoso distrito Macarena, contra los casos de violencia y acoso protagonizados por los aparcacoches ilegales, los gorrillas, deriva de toda una serie de factores entre los que late el notorio hartazgo ante una prolongada situación, que ha incidido en la vida diaria y la economía de esta barriada. Así lo atestiguan no pocos vecinos y trabajadores de la zona, en declaraciones a este periódico, con motivo del debate suscitado a cuenta de las patrullas vecinales promovidas de manera espontánea, para disuadir a dichas personas y visibilizar además una problemática, que por su gravedad y duración ha acabado alterando el día a día de este barrio eminentemente obrero y caracterizado por el indiscutible peso de la población extranjera, al frente de una gran parte de los comercios y establecimientos hosteleros como muestra de su arraigo en Sevilla. De este modo lo cuenta Paco, responsable de la peluquería Blaya, abierta desde 1972 en el barrio de El Cerezo como local más veterano en esta actividad en toda la Macarena. Mientras atiende a sus clientes, Paco explica que en este barrio reside y trabaja «gente de muchos países y la población extranjera está super integrada» . El problema, como bien precisa, radica en «una minoría» de hombres, aproximadamente una veintena después de su crecimiento en los últimos años y naturales del Magreb, que ejercen como gorrillas con el añadido del consumo de alcohol y de sustancias estupefacientes; protagonizando frecuentes disputas entre ellos por el control de las zonas, «avasallando» a los conductores en demanda de dinero por el aparcamiento de su vehículo y dejando gran cantidad de residuos en la calle, especialmente botellas vacías. «Cada vez han venido más y ya hay mujeres a las que les da miedo bajar a la calle por la noche a dejar la basura», expone Paco como ejemplo de hasta qué punto los numerosos altercados protagonizados por los gorrillas han inspirado temor a la ciudadanía local. Y como no, eso se ha traducido incluso en una reducción de la clientela, como admite este peluquero. Él mismo y su hijo, que le acompaña trabajando en la peluquería, han participado en las citadas patrullas vecinales, celebradas «de manera pacífica», con la participación de vecinos de diferentes nacionalidades y la especial presencia de mujeres, que son quienes «lo están pasando peor» ante los «muchísimos» incidentes y situaciones de acoso protagonizadas por los gorrillas. Las movilizaciones comenzaron con «ocho o nueve» personas y en el grupo de WhatsApp creado para las mismas ya figuran 490 personas, una movilización que Paco no había visto «nunca» antes en El Cerezo. Un cliente de la peluquería, también participante en estas movilizaciones, aporta de su lado que estas patrullas eran necesarias porque estaba comenzando a reinar «una anarquía desbordante» como consecuencia de las situaciones de violencia. «No nos quedaba otro remedio. No queremos acabar como las Tres Mil Viviendas, Los Pajaritos o Torreblanca », asevera este vecino con relación a dichas barriadas desfavorecidas de Sevilla, marcadas por situaciones de ruptura de la convivencia ya cronificadas. Según asegura, antes de salir a la calle, no fueron pocas las peticiones de apoyo elevadas a la Policía Nacional y la Policía Local . Este cliente introduce además la clave de que el barrio de El Cerezo se encuentra en una suerte de «pasillo» entre el Polígono Norte, escenario de no pocas intervenciones contra el tráfico de drogas; y los centros asistenciales para personas desfavorecidas de la zona de la Macarena; agregando que la ciudadanía padece el «impuesto revolucionario del euro» exigido por los gorrillas por aparcamiento o con otros pretextos. En esa misma línea se pronuncia Roger, responsable del establecimiento hostelero de comida peruana Roger's Chicken, quien también ha participado en una de las citadas patrullas vecinales, corroborando que su negocio también ha perdido clientela en los últimos tiempos coincidiendo con el incremento de los altercados ocasionados por los gorrillas. «El barrio ha tocado techo. Incluso han chuleado a la Policía», avisa, agregando que él mismo ha sufrido hurtos en su negocio por parte de estos hombres. Según Roger, en la zona ha ido creciendo el «miedo a los gorrillas y hacía falta» que la ciudadanía se movilizase y pusiese pie en pared para hacer frente a estas actitudes de violencia y «amenazas» en caso de no acceder a dar «el euro» que reclaman los gorrillas ; y además para visibilizar la situación como llamamiento a la reacción de las autoridades. También lo ven así en el bar de comida dominicana Mi Negro y Yo, donde una joven trabajadora manifiesta su apoyo a estas movilizaciones, confirmando la concatenación de altercados e incidentes en los últimos tiempos. El desencadenante de las patrullas vecinales, según su testimonio, habría sido que uno de estos gorrillas habría «faltado el respeto» a un niño del barrio, mostrándole sus genitales en plena calle. «La gente se ha cansado», añade por su parte otro joven, cliente del establecimiento, confirmando las «muchas peleas» que protagonizan entre ellos los gorrillas y manifestado su apoyo a la movilización vecinal. Y es que como dice de su lado otra joven en la tienda Mundo Latino, la situación era «horrible, con demasiados incidentes» por la perpetua exigencia «del euro» por parte de los gorrillas, incluso como peaje por dejar de insistir o incluso acosar a los vecinos. Esta joven habla hasta de frecuentes robos y de cómo estas personas han llegado a reclamar en los comercios de la zona que les proporcionasen alcohol más allá de las 22.00 horas de la noche, intentando obligar a los responsables de los locales a incumplir la ley que prohíbe tal extremo. Para ellos, según apunta, «no hay ley». Esta vecina expone así numerosos altercados, destacando el caso de una clienta que le contó como «le robaron dos veces la misma mañana» . «Son agresivos y cada día ha ido a peor», manifiesta mostrando su apoyo a estas patrullas ciudadanas, ante las cuales también pesa la opinión de algunos vecinos que no están de acuerdo con las mismas. Todos los vecinos consultados coinciden, por cierto, en que tras estas patrullas vecinales, siempre pacíficas según destacan, la presencia de los gorrillas se ha reducido y ha aumentado la de las fuerzas policiales, tanto con agentes de la Policía Nacional como de la Policía Local. Eso sí, también todos piden que este refuerzo de la vigilancia no sea flor de un día. «No podemos ser ciudadanos de tercera. No nos pueden abandonar ahora », avisan.