Moreno Bonilla no derrama ni una lágrima por la sanidad pública andaluza que llega tarde y deja morir pacientes

Cinco meses después del escándalo de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, miles de mujeres siguen esperando respuestas. Quieren saber qué falló. Quién tomó las decisiones. Por qué se retrasaron pruebas esenciales. Y, sobre todo, por qué algunas mujeres murieron sin que nadie asumiera responsabilidades. La Asociación de Mujeres Andaluzas afectadas por cáncer de mama (Amama) ha denunciado incluso fallecimientos vinculados a esos retrasos. Pero en el discurso institucional del pasado 28F no hubo lágrimas para ellas. No hubo autocrítica. No hubo el más mínimo gesto claro de empatía por parte de Juan Manuel Moreno Bonilla. Ayer mismo, Moreno Bonilla llegó a afirmar que hay que "tomarse en serio los cribados de cáncer". No se puede ser más hipócrita, por decirlo de forma moderada. Desde el PSOE-A le han respondido señalando que ha sido su gestión la que ha debilitado la detección precoz en Andalucía y denuncian que el deterioro de la sanidad pública ha provocado diagnósticos tardíos con graves consecuencias para muchas mujeres. El problema no es solo técnico. Es moral. Cuando una mujer espera meses para una mamografía que puede detectar un tumor a tiempo, no hablamos de estadísticas. Hablamos de miedo. De noches sin dormir. De hijos que preguntan. De familias pendientes de una llamada que no llega. El escándalo de los cribados no fue un error menor. Fue un fallo estructural que afectó a miles de mujeres. Pruebas que no se activaron. Seguimientos que no se hicieron. Diagnósticos que se retrasaron. Cinco meses después, la Junta no ha ofrecido una explicación clara y convincente. Y eso erosiona la confianza en el sistema público. Pero el problema va mucho más allá. Andalucía, con Moreno Bonilla, encabeza hoy las listas de espera más altas de España. Más de 200.000 personas esperan una intervención quirúrgica. Más de 850.000 aguardan una consulta con un especialista. En varias provincias, la demora media para operarse supera los 160 días. Son cifras oficiales. Detrás de esos números hay historias concretas. Una mujer de 47 años, vecina de Estepona, ha estado un año esperando una operación de riñón en el Hospital Costa del Sol. Un año entrando y saliendo de urgencias. Un año con dolor intenso. Un año viviendo con una bolsa de drenaje. Los médicos ya han advertido que el problema puede afectar a ambos riñones. El tiempo no es neutro. El tiempo empeora los diagnósticos. No es un caso aislado. Hemos conocido retrasos en biopsias de páncreas con sospecha de tumor. Jóvenes con tumores cerebrales esperando meses para una intervención. Pacientes con patologías graves atrapados en una burocracia que habla de "priorización" mientras la enfermedad avanza. La diputada socialista Ángeles Férriz ha contado recientemente que esperó 26 meses para una gastroscopia con biopsia. Dos años y dos meses para descartar enfermedades graves como el cáncer. El 5 de enero de 2024 acudió a su médico de cabecera. Tardaron 20 días en darle cita. Después, 18 meses para ver al especialista digestivo. Y ocho meses más para la prueba definitiva. Veintiséis...