"No es que el tiempo lo cure todo, pero puede ayudar". La gente de mi generación (boomers) no hemos vivido ni sintonizado el fascismo. Pero, quizá por eso, tampoco nos hemos opuesto ni confrontado con él. Por esa razón, el sentir en la universidad, en la que, en mi caso, coincidí e hice amistad con Isabel Díaz Ayuso, era, esencialmente, "apolítica" (sí, ella también lo era). Estábamos "entre dos tierras", como cantaban los Héroes del Silencio: entre la universidad tardofranquista que vivía con ilusión la esperanza de la democracia, y la universidad del 15M, que encontró un nuevo fuego desde la indignación de la protesta contra un sistema injusto y aniquilador de una generación entera. Por aquellos tiempos, algunas escuchaban a Extremoduro y U2, o Negu Gorriak, otras a La Unión y luego a El Último de la Fila, o a Los Secretos, o incluso a Modestia Aparte, y las restantes, a los seis, simplificando mucho. Alguno había con los Nickis, pero no aparentaba peligro. Hablamos de la época de las tribus urbanas, de los heavies, los rockers, los mods… hablamos de Depeche Mode, de los REM, de los Dire Straits, de Bruce Springsteen (que sigue dando caña y vaya, con ese temazo antifascista sobre Minneapolis), de Madonna, de Michael Jackson... Somos una generación sándwich en lo político, ni fu ni fa (que cantaba Ska-P), enfangados en una disputa entre Felipe y Aznar, entre lo malo y lo peor. Pero somos la crème de la crème en lo musical. Pero el fascismo no había desaparecido. Simplemente, larvaba. Incubaba nuevas bestias. Y nadie de mi generación (salvo, quizás, don Julio Anguita) supo preverlo. Quizás por esa apatía generacional (en lo político), anestesiada por ese increíble talento musical (y, también, por qué no decirlo, por la heroína, que se llevó a algunas de las mejores de mi tiempo), no supimos confrontar a la semilla del odio renaciendo de sus cenizas con nuevas caras, pero los mismos gestos, como cantaba (y cantará) Violadores del Verso (porque también vivimos el nacimiento del hip hop). Quizás por eso (pero no es excusa), muchos asistimos al salvaje y despiadado acoso escuadrista al entonces vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, a su pareja, la ministra de Igualdad, Irene Montero, y a sus hijos pequeños, dos de ellos bebés prematuros, durante más de un año. Acaso proferimos unos tuits vacuos de rechazo y condena. O al de Cristina Cifuentes, embarazada, que esto no va de política. Hoy quiero pedir perdón, en nombre de mi generación. Y también quiero decir basta. ¡Basta ya! Ya han crecido las larvas. Las que nacieron de los cadáveres del suicida Hitler en su búnker y de los hongos de los pies de Mussolini y Clara Petaci, colgados como merecían, boca abajo. O las del cadáver de Franco, filmados sus despojos por su cuñado. Asoman los sucios gusanos que siempre fueron, y serán, un peligro. Todo mi cariño, apoyo y también esperanza y agradecimiento por su bravura, a Sarah Santaolla. Como cantaría Rafa, "no es...