La Hermandad de la Sopa, la sociedad que ha dado de desayunar a los enfermos de Zaragoza desde 1730: "Primero era sopa de aceite, luego pasamos al café"

En el corazón de Zaragoza pervive una historia de solidaridad discreta que se ha escrito durante casi tres siglos en los márgenes de los grandes titulares. Es la historia de la Congregación de Seglares, siervos de los pobres enfermos del santo hospital de Nuestra Señora de Gracia, más conocida por el nombre que le dio su primer gesto de caridad: la Hermandad de la sopa. A pesar de su larga trayectoria, sigue siendo una gran desconocida para muchos zaragozanos, un hecho que su gente lamenta. 'Es una pena, pero bueno, a ver si podemos colaborar hoy un pelín a que la gente lo pueda escuchar y lo conozca', ha comentado María Jesús Malo Cano, gerente de la residencia que hoy gestiona la hermandad. La historia de la hermandad arranca en 1731, cuando un grupo de 21 zaragozanos, movidos por la necesidad que veían a su alrededor, decidieron unirse para mejorar la vida de las personas ingresadas en el antiguo Hospital de Nuestra Señora de Gracia, entonces ubicado donde hoy se encuentra el Banco de España. Su apodo nació del desayuno que, con autorización médica, comenzaron a repartir al amanecer entre los enfermos más pobres y sin familia: una nutritiva 'sopa de aceite con pan', una solución proteica y accesible para la época. 'Así empezó la historia', explica María Jesús. Con el tiempo, la ayuda evolucionó. Se solicitó permiso para cambiar la 'sopa de aceite' por desayunos más completos como chocolate con leche y magdalenas. Tras la destrucción del hospital original durante el bombardeo de las tropas francesas y su posterior reconstrucción en la calle Ramón y Cajal, la labor de la hermandad se adaptó. La comida dejó de ser la principal necesidad, pero el acompañamiento a los enfermos que estaban solos cobró una nueva dimensión. La ayuda se materializaba en gestos como comprar unas zapatillas a quien no las tenía. Esta vocación de cuidado integral llevó a la hermandad a fundar la 'casa de convalecientes' en la calle Anselmo Clavé, un lugar que acogía a pacientes que, tras recibir el alta hospitalaria, aún no podían valerse por sí mismos en sus casas. Allí se les atendía 'todo lo mejor que se podía y se sabía'. María Jesús Malo Cano, actual gerente de la residencia de la hermandad, reflexiona sobre el legado de los fundadores y se pregunta qué pensarían hoy al ver la continuidad de su obra: 'Yo creo que estarían muy contentos, porque dirían: "Semejante cosa que se me ocurrió"'. La casa de convalecientes estuvo activa hasta los años 70 del siglo XX, cuando la zona fue expropiada para nuevas construcciones. Gracias a una permuta con el ayuntamiento, la hermandad trasladó su labor a su ubicación actual, la Residencia San Felipe Neri, situada en la urbanización Maitena, en la carretera de Logroño. 'Estamos cerquita de Teresianas, que yo creo que lo pongo como de punto de referencia para todo el mundo', aclara Malo Cano para facilitar la localización del centro. Hoy, la Residencia San Felipe Neri cuenta con una capacidad para 98 personas y habitualmente ronda los 94 o 95 residentes, manteniendo incluso una lista de espera. Aunque el servicio tiene un coste, la filosofía de la hermandad sigue intacta. 'Intentamos adaptarnos un poquito a las necesidades de las personas y darles un servicio de calidad y calidez, todo lo mejor que podemos', subraya la gerente. A pesar de no tener la envergadura de grandes organizaciones, su impacto es profundo y constante. 'No somos de Manos Unidas, pero bueno, nosotros ahí seguimos', afirma con orgullo. La congregación está formada actualmente por 35 miembros que mantienen vivo el espíritu original. Además de la residencia, disponen de un oratorio y salas adyacentes en el Hospital Provincial, situado entre Radiología y Ecografía. 'Los jueves, de 10 a 12, estamos abiertos', invita Malo Cano para quienes 'necesiten información' o simplemente quieran conocer más a fondo su silenciosa pero inmensa labor. Para quienes deseen sumergirse en esta y otras historias ligadas a la sanidad zaragozana, la hermandad participa activamente en la exposición conmemorativa por el 600 aniversario del Hospital Provincial, que acoge el Palacio de Sástago. La muestra, que estará disponible hasta finales de marzo, es una oportunidad única para conectar con el pasado solidario de la ciudad. La invitación de María Jesús Malo Cano es clara y entusiasta: 'Invito a todo el mundo, es gratis, y la verdad es que está muy, muy bonita esa exposición'.