El pequeño pueblo malagueño que cambió para siempre su color en 2011 y hoy se ha convertido en uno de los destinos más curiosos de la Serranía de Ronda Qué pueblos visitar en Andorra -un viaje mucho más allá que su lujosa capital- En el corazón de la Serranía de Ronda , entre montañas cubiertas de castaños y carreteras serpenteantes, hay un lugar que sorprende incluso antes de llegar. Desde la distancia ya se distingue algo extraño: un pequeño pueblo completamente azul que parece sacado de un cuento. Ese lugar es Júzcar , un rincón de la provincia de Málaga que muchos viajeros comparan inevitablemente con la famosa ciudad marroquí de Chefchaouen. Las fachadas azules, las calles empinadas y el contraste con la naturaleza verde que lo rodea crean una estampa que parece más del norte de África que del sur de España. Pero lo curioso es que este pueblo azul de Andalucía no siempre fue así. El origen del pueblo de los pitufos Durante siglos, Júzcar fue un pueblo blanco más de los muchos que salpican la Serranía de Ronda . Casas encaladas, tejados rojizos y un urbanismo adaptado a las pendientes de la montaña. Todo cambió en 2011, cuando la productora Sony Pictures eligió el municipio para promocionar el estreno de la película Los Pitufos 3D . La idea era sencilla: pintar el pueblo entero de azul para recrear la famosa aldea de estos personajes. Los vecinos aceptaron la propuesta pensando que sería algo temporal. Sin embargo, el resultado fue tan llamativo que el lugar empezó a atraer visitantes de toda España. Lo que debía ser una campaña publicitaria se transformó en un fenómeno turístico inesperado. Durante varios años Júzcar fue conocido oficialmente como el pueblo de los pitufos , con esculturas, murales y referencias a los personajes repartidas por sus calles. Con el tiempo, y debido a cuestiones de derechos de autor, el municipio tuvo que abandonar ese nombre. Desde entonces se conoce simplemente como la Aldea azul , pero la esencia sigue siendo la misma: un pequeño pueblo completamente teñido de azul en mitad de la montaña. Miradores, murales y naturaleza en la Serranía de Ronda Más allá de su llamativo color, Júzcar también merece una visita por su ubicación. El pueblo se levanta sobre una elevación del Valle del Genal, lo que ha creado una especie de anfiteatro natural con miradores desde los que se contempla buena parte de la Serranía de Ronda . Entre los puntos más conocidos están el mirador de San José, uno de los mejores lugares para observar el conjunto del pueblo azul de Andalucía , o el mirador del Jardón, desde donde se aprecia la profundidad de los valles que rodean el municipio. El paseo por sus calles también tiene un componente lúdico. A lo largo del casco urbano aparecen esculturas y murales relacionados con el antiguo pueblo de los pitufos , muchos de ellos acompañados de códigos QR que explican su historia o el significado de cada ilustración. En medio del entramado urbano destaca la iglesia de Santa Catalina, un templo del siglo XVI que también fue pintado de azul. Su interior conserva restos de una antigua armadura mudéjar, testimonio de la historia del lugar antes de convertirse en la actual Aldea azul . Un pueblo pequeño con una historia industrial inesperada El entorno de Júzcar también guarda curiosidades históricas poco conocidas. A unos dos kilómetros del pueblo se encuentran restos de antiguos edificios industriales que tuvieron gran importancia en la zona. Uno de ellos es la llamada tenería, donde en época árabe se procesaban taninos vegetales para curtir pieles. El complejo incluía molinos y sistemas hidráulicos vinculados al río Genal. Todavía más sorprendente es la historia de la Real Fábrica de Hojalata, considerada la primera de su tipo en España. Se instaló en este lugar debido a la abundancia de madera en la Serranía de Ronda y al acceso al agua del valle. Como en España no se conocía la técnica de producción, llegaron hasta treinta técnicos alemanes para poner en marcha la fábrica. La tradición local cuenta incluso que algunos ingenieros salieron clandestinamente de su país escondidos dentro de barriles para poder trabajar aquí. Hoy, pasear por Júzcar es una mezcla curiosa de naturaleza, historia y color. Lo que comenzó como una campaña publicitaria terminó convirtiéndose en uno de los pueblos más singulares del sur de España. Y aunque ya no se llame oficialmente pueblo de los pitufos , lo cierto es que la Aldea azul sigue teniendo ese aire de cuento que hace que quien llega por primera vez piense inevitablemente en otro lugar del mundo: las calles azules de Chefchaouen.